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26 de enero de 2026
Editorial de "El Organizador Obrero Internacional" N° 50
Los fascistas de Wall Street vienen por todo
Brutal ataque a la clase obrera norteamericana y guerra abierta contrarrevolucionaria de la Gestapo de Trump contra los migrantes
Los yanquis van con guerras y anexando nuevos territorios, a recuperar el control de la economía y la política mundial contra sus competidores imperialistas
El pirata Trump, con su “Consejo de Paz”, marcha a consumar el genocidio contra el pueblo de Gaza
Luego de que la teocracia iraní avanzó en masacrar a las masas sublevadas; y que se rindiera la cobarde burguesía venezolana,
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Los fascistas de Wall Street van con sus cañoneras para cercar Irán y apropiarse de las rutas del petróleo
La última palabra no está dicha
La clase obrera mundial no se ha rendido y presenta batalla en EEUU, Europa y el mundo semicolonial
En Palestina se juega hoy una de las batallas decisivas de las masas de Medio Oriente y del proletariado internacional contra la ofensiva imperialista
¡Hay que paralizar la máquina de guerra del imperialismo y el sionismo!
Los yanquis van a Medio Oriente por todo. Las pandillas burguesas de la región ya le hicieron su “trabajo sucio”, como en Irán masacrando a las masas, o sacándolas del combate como en Líbano, Irak, Cisjordania, etc.
La flota militar yanqui se dirige al Golfo Pérsico, mientras con misiles de hambre y pestes, los carniceros imperialistas y el sionismo buscan asentar el genocidio en Gaza.
Ya no son suficientes las acciones de solidaridad testimoniales con el martirizado pueblo de Gaza. Con la segunda fase del plan del “Consejo de Paz” con su autoproclamado presidente Trump, el imperialismo se apresta a dar el golpe definitivo en Gaza.
El camino para cerrarle el paso a esta ofensiva imperialista en Medio Oriente lo marcaron ayer los portuarios de Génova que conquistaron la Huelga General en Italia por Palestina, al igual que lo hicieron los obreros griegos, mientras se ganaban las calles en decenas y decenas de países del mundo contra el genocidio del sionismo y los yanquis.
En Minneapolis, Los Ángeles y decenas de ciudades de EEUU se combate contra las fuerzas contrarrevolucionarias militares de Trump. Allí están los verdaderos aliados de las martirizadas masas de Gaza y de la lucha de todos los pueblos oprimidos.
Paralizar la máquina de guerra yanqui desde las entrañas mismas del imperialismo es una tarea decisiva y central de los obreros norteamericanos, como lo es aplastar a la Gestapo de Trump que asesina no solo a los migrantes, sino que ya ataca a toda la clase obrera de ese país. En sus manos está, en gran medida, paralizar la V Flota que se aproxima a masacrar en Medio Oriente y el pacto contrarrevolucionario de “paz” con el que Trump se nombra presidente y rey de Gaza.
En Palestina y todo Medio Oriente, en Minnesota y todo EEUU, ¡una misma clase, una misma lucha!
Los fascistas de Wall Street se merecen un nuevo movimiento antiguerra que, como en Irak y Vietnam ayer, sea un factor fundamental de la derrota del imperialismo.
Luego del genocidio y el martirio, en Gaza la resistencia no se rinde. Anuncia que no se desarma. Denuncia que no acepta a Netanyahu, criminal de guerra buscado por la Corte Penal Internacional, en ninguna mesa de negociación.
¡Hay que romper el cerco a Gaza antes de que sea demasiado tarde! El plan de aniquilación definitivo del pueblo palestino está en marcha.
Es una tarea de la clase obrera y los luchadores antiimperialistas del mundo abastecer a Gaza con alimentos, suministros y voluntarios para pelear junto a las masas palestinas!
Como dijimos, ya no alcanza con acciones propagandísticas de apoyo a Gaza. Organizadores de la Flotilla Sumud que había intentado ir a Gaza hace unos meses atrás, ahora anuncian que la misma tendrá nueva partida para el mes de abril. ¡Pero la cuestión se define ya! Es que la “flotilla” que envió EEUU ya está en el Golfo Pérsico y la masacre final de Gaza y las guerras por el control de las rutas del petróleo ya comienzan.
Se trata de que a Gaza lleguen armas y suministros, de enviar voluntarios que vayan a combatir, de paralizar la maquinaria de guerra de las potencias imperialistas; y no de una propaganda testimonial.
Trump colecta 1.000 millones de dólares de cada uno de los gobiernos cipayos que marchan a aplastar Gaza, para financiar los fabulosos negocios inmobiliarios de la reconstrucción. Mientras tanto, ya entran con topadoras y tiran escombros y cadáveres al mar para construir hoteles de lujo, sin palestinos en su propia tierra…
¡Por un jornal por obrero de todas las organizaciones y sindicatos del mundo para que llegue a la resistencia todo lo que esta necesita para profundizar una contraofensiva, rodeada por el combate de la clase obrera internacional!
¡La clase obrera iraní no puede ser masacrada y derrotada por los clérigos que hace rato se rindieron al sionismo, desarmaron a las heroicas masas del Líbano y hoy asesinan, como ya anuncia la prensa mundial, a más de 30 mil explotados sublevados en las calles de Irán!
¡Paso al levantamiento revolucionario de la clase obrera y las masas iraníes! ¡Por el desarme de los fascistas de la Guardia Islámica! ¡Por el armamento generalizado de las masas! Como en el ’79, ¡paso a los shora de obreros y soldados rasos! Esas son las fuerzas para derrotar a las cañoneras yanquis que marchan a controlar las rutas del petróleo en Medio Oriente.
Las bombas sionistas vuelven a caer a mansalva en el sur del Líbano. ¡Hay que romper el pacto de rendición que impuso la dirección burguesa de Hezbollah, recuperar el control de las armas y como en los heroicos combates de 2006 y 2010, hacerle sentir el escarmiento al fascismo sionista que no solo busca ocupar Gaza, sino toda la nación libanesa!
Las masas revolucionarias de Irak y Yemen, que expulsaron al imperialismo y se pusieron de pie junto a la Gaza martirizada, deben volver al combate… antes de que sea tarde.
Las masas sirias deben abrir los frentes e ir a por todas las tropas que la ocupan. ¡Hay que marchar a Quneitra para aplastar la invasión sionista y derrotar al sionismo en las Alturas del Golán!
Al Jolani se abraza con los yanquis, que son los mismos que envían al sionismo a ocupar Siria. Este nuevo "Khalifa" de Damasco representa la reacción que, con cantos de sirena, viene a desviar el levantamiento revolucionario de las masas que derrocaron a Al Assad, que fueron a liberar a sus presos a las cárceles-tumba, que buscaron a los más de 120.000 desaparecidos; y que pugnan por sacarse de encima a todas las fuerzas de ocupación que han partido y desangrado Siria.
Los nuevos levantamientos de las masas sirias también deben lidiar con la tragedia de la enorme traición y puñalada por la espalda que impusieron las FDS (Fuerzas Democráticas de Siria) y el PKK stalinista (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), que entregaron la lucha por la autodeterminación del pueblo kurdo en Hasaka y Kobane. Bajo el mando yanqui y custodiadas por el fascista Al Assad, se convirtieron en tropas terrestres gurkas de las petroleras imperialistas, ocupando una gran parte del territorio árabe de Siria. Fueron una más de las tropas ocupantes.
Las milicias kurdas de las YPG se transformaron en guardias privadas de las petroleras imperialistas, encarcelando, persiguiendo, ocupándole la tierra y las ciudades más importantes del norte de Siria, como Raqa y Deir ez Zor, a las masas que ayer se sublevaban combatiendo contra Al Assad y las bombas de Putin. Ya desde el 2013, rompieron el frente de la revolución y se pasaron al bando del sionismo. Un pueblo que oprime a otro no puede liberarse a sí mismo.
Lo que está claro es que los yanquis ya no quieren intermediarios a los que haya que darles más fondos que lo necesario. Trump fue claro en sus declaraciones sobre los kurdos en Siria cuando dijo: “Para que lo entiendan, a los kurdos se les pagaron enormes cantidades de dinero, se les dio petróleo y otras cosas. Así que lo hicieron por sí mismos, más que por nosotros”.
Una izquierda proimperialista dice que EEUU ha traicionado al pueblo kurdo. Una infamia. Los yanquis no están para impulsar luchas de liberación nacional, sino para aplastarlas. Fueron totalmente coherentes y leales con sus negocios, sus monopolios y las petroleras imperialistas.
Los que traicionaron a las masas sirias fueron las fuerzas contrarrevolucionarias stalinistas del PKK, que se pusieron bajo las órdenes de los yanquis, que entregaron las armas en Turquía, y entraron al gobierno del protectorado yanqui en Irak para cubrirle la retirada a los marines en 2008.
El PKK es de la escuela heredera de la política contrarrevolucionaria del stalinismo que, desde la II Guerra Mundial y durante toda la época de Yalta, hiciera mil y un pactos con el imperialismo “democrático” angloyanqui. Esto costó centenares de derrotas y aplastamientos de decenas y decenas de procesos revolucionarios desde la posguerra.
Las grandes masas ansían recuperar la Siria revolucionaria para el combate contra el sionismo en Gaza. Esto se logrará desprendiéndose del nuevo “Khalifa” de Damasco, Abu Mohammed al Jolani, que expropió un nuevo levantamiento heroico de los explotados y la clase obrera de ese país; y volviendo a poner en pie los comités de trabajadores y partisanos armados por localidad, provincia y a nivel nacional.
Ahora los yanquis mandan sus cañoneras a Medio Oriente
¡Hay que aplastar la ofensiva imperialista!
En Venezuela se ve el rol cobarde de las burguesías nativas, que temen mil veces más a la clase obrera y su revolución que al imperialismo del cual son sus socias menores. Ahí está la presidenta Delcy Rodríguez viajando a entrevistarse con Trump a la Casa Blanca para discutir sus negocios. Para mantenerlos, inclusive son capaces de entregar a su presidente.
En Teherán, los Ayatollahs le hacen el “trabajo sucio” a los yanquis de aplastar a las masas, mientras todas las burguesías árabes mantenían su cerco a Gaza. Como dijimos, la segunda fase del plan son los misiles del hambre, las topadoras tirando cadáveres y escombros al mar, y Trump nombrándose presidente de Gaza y toda Palestina.
Los yanquis buscan conquistar sí o sí al “Gran Israel” y que todas las burguesías árabes se sometan a él.
EEUU va a recuperar las rutas del petróleo y los hidrocarburos, dejando fuera a todos sus competidores, fundamentalmente, a las potencias del Maastricht imperialista, a las que EEUU les vende gas licuado a un valor diez veces superior, luego de cortarle el suministro de gas barato desde Rusia con la guerra de Ucrania, donde, luego de la invasión de Putin, ahora busca pactar con él la partición de esa nación y el saqueo de sus riquezas. Y ahora... los yanquis van por Teherán y por todo Medio Oriente y las rutas del petróleo.
Los yanquis no vienen a reordenar sino a romper el mercado mundial, del cual vienen perdiendo su hegemonía y control desde el crac del 2008.
EEUU debe destruir el equilibrio político y económico mundial existente desde que estallara la crisis económica mundial del 2008, para volver a constituirse como potencia dominante.
EEUU había quedado por fuera del enorme mercado europeo que se había forjado desde Portugal hasta las estepas rusas. Esto debe terminar y es el eje central de las grandes disputas interimperialistas hoy en el planeta.
Hoy Trump, como dijimos, se apresta a sellar un pacto con Putin en Ucrania, echando por tierra la charlatanería barata de que allí se desarrollaba una “guerra entre Rusia y la OTAN”, cuando ambos se preparan para partir y saquear a esa nación oprimida. A Putin, los yanquis le ceden el Donbass y Crimea.
La izquierda campista, que somete a la clase obrera a la burguesía que ellos visten de “progresista”, esté en el bando que esté, tiene mucho que explicar. Y lo deben hacer los que negaron el carácter de guerra de opresión y saqueo de la nación oprimida ucraniana por parte de Putin y los oligarcas de Moscú, como aquellos que le hicieron creer a las masas ucranianas que los yanquis los iban a liberar. Es que hoy EEUU es quien se va a quedar con todas sus riquezas, colonizándola definitivamente.
El imperialismo yanqui va por todo. No nos cansaremos de insistir en que primero debe terminar de dislocar al frente de las potencias imperialistas de Maastricht, que le disputaban abiertamente el mercado mundial controlando Rusia y todo el mercado europeo bajo la égida del eje franco-alemán.
La Europa imperialista ha entrado en una grave crisis y un dilema por la ofensiva yanqui. No solo ha perdido el mercado europeo tal cual estaba constituido, sino que también han perdido todo bloque militar para mantener sus zonas de influencia. La OTAN ya, de hecho, es cosa del pasado, como se ve en Ucrania, Groenlandia y en la ida de EEUU solo al mundo.
Los bandidos de Wall Street han pateado el tablero mundial. Amenazan con instalarse en Groenlandia. Está claro que quieren poner en pie un anillo que cerque Rusia y que vaya por ella, pactando con Putin o directamente con un sector de los oligarcas que se desprendan de él… Ya lo hizo en Venezuela. Lo está haciendo en Irán ahora con el chantaje de la flota yanqui en el Golfo Pérsico.
EEUU, bajo el mando de Trump, lanza una feroz guerra comercial contra China. Los yanquis luego irán por su poderoso mercado interno, que es lo que realmente apetecen. Es decir, quieren poder explotar sin intermediarios a la mercancía más importante, que es la que produce todas las demás, la fuerza de trabajo, que por millones explotan y subyugan los mandarines chinos.
“EEUU primero”, dice Trump. Esta vez, los yanquis no van a Irán junto a 23 ejércitos, como fueron a Irak en 2001 con Bush hijo o antes en el ‘91 con Bush padre. EEUU ya no reparte, sino que disputa las zonas de influencia. Es que si al resto de las potencias imperialistas europeas les va bien, a él le irá muy mal, y no es precisamente lo que está dispuesto a entregar Trump, pero tampoco sus competidores. Es que el “premio final” es Moscú y Pekín.
Algunos de los competidores de Trump, como Francia, ha declarado que “no piensa ser vasallo”, pero por atrás le propone, como hizo Macron, ir juntos a Groenlandia a cambio de hacer negocios juntos en Irán y Egipto. En el parlamento europeo se escuchan gritos de “hay que romper con la OTAN”, “hay que denunciar a EEUU que ha roto con la ONU”. Pero los asuntos entre las potencias imperialistas en el mundo no se resuelven con palabras sino con disputas y con cañoneras y guerras.
Ahí están Alemania e Italia firmando un convenio de armamento unilateral. Allí sí que hay altísima productividad del trabajo y una enorme revolución tecnológica capaz de armar un ejército poderosísimo, equipado inclusive con ojivas nucleares, en muy poco tiempo.
La ofensiva política y económica de los yanquis no se sostiene sin guerras
El crac económico de 2008 y sus sucesivas rondas de crisis y estallidos en EEUU provocó que este le tirara su crisis al mundo, y bloques de potencias imperialistas respondieron cerrándose. Inclusive también lo hicieron bloques de países semicoloniales. De ese entuerto intenta salir Trump con su ofensiva, comenzando por controlar las fuentes de materias primas y asegurar las superganancias de sus monopolios y transnacionales controlando las rutas comerciales y los países semicoloniales.
Esta ofensiva yanqui no se puede sostener sin cañoneras. Con estas bombardearon a mansalva lanchas que transportaban inocentes cruzando el Caribe. Lo mismo, multiplicado por mil, se proponen hacer en Medio Oriente.
La política de control de los mares y sus rutas comerciales con las cañoneras es lo que hizo el imperialismo inglés a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, y así lo tiene que hacer ahora EEUU. Las ganancias de los parásitos de Wall Street se sostienen con el control de todas las rutas comerciales, con el cerco de regiones enteras del planeta, con una política de anexión y colonización directa sostenida en las bayonetas.
La era del parlamentarismo y el reformismo llega a su fin. Los grandes grupos de inversión quebrados de Wall Street deben volver a repartir utilidades. Todo momento de paz social se agota… La tendencia al camino de la guerra se está abriendo, y solo los enormes combates de la clase obrera serán los que pueden impedirla, comenzando por el proletariado norteamericano y la lucha de sus aliados los obreros migrantes. Ellos son los que impiden que se asiente un gobierno bonapartista en EEUU.
Trump manda su flota al Golfo Pérsico para terminar de controlar la energía del planeta. Inclusive busca controlar la energía de Rusia con el pacto con Putin en Ucrania. Ya vimos cómo le vende gas licuado caro a Europa. ¿Qué no hará teniendo en su poder el 90% del gas y petróleo del mundo?
El resto de las potencias imperialistas no van a mirar para otro lado. Estamos frente a choques decisivos.
La burguesía yanqui duda. Ya vimos a los grandes CEOs de la Exxon sentados para discutir con Trump sobre las inversiones en el petróleo de Venezuela. Estos le dijeron: “¿Quién garantiza que usted se queda más años para mantener estas políticas? ¿Quién nos garantiza que su política puede seguir durante los próximos 10 años, que es el período en el cual tenemos que recuperar nuestras inversiones?” Esta es la contradicción fundamental que tiene la actual ofensiva yanqui. No tiene una dictadura en EEUU capaz de perpetuarse y garantizar los negocios a sus transnacionales, ni ha impuesto la suficiente derrota a la clase obrera mundial para que esta no arruine los negocios de las pandillas imperialistas.
Los núcleos clave de los fascistas de Wall Street que hoy están administrando los negocios de los monopolios afirman que la relación de fuerzas se conquista y salieron a hacerlo. Porque por detrás lo que está es la decadencia norteamericana. Y esta es la banda de piratas que prima en EEUU.
Las tendencias, entonces, al fascismo y la guerra, a la ruptura de la paz social, a la guerra civil y a la revolución y la contrarrevolución, están abiertas.
Cuando se aproxima la marina de guerra norteamericana a Irán, la clase obrera de ese país aún no ha sido definitivamente derrotada por los clérigos, que hace rato se están escondiendo bajo tierra y negociando quién y cómo se entregan a los yanquis.
Pese al brutal genocidio, la resistencia de Gaza aún no se ha rendido. La clase obrera norteamericana, como vimos, está en abierto combate ofensivo.
Trump llega como presidente autonombrado de Venezuela y de Gaza. Pero Trump, ¡aún no eres rey! Ni siquiera te has asentado en esas dos zonas. Eso está por definirse, y se hará en lucha de clases.
La clase obrera mundial no se ha rendido
Resiste en Gaza y lucha en Irán. Se combate en EEUU, con huelgas generales en la Europa imperialista y con estallidos revolucionarios en el mundo semicolonial
La clase obrera combate y le presenta batalla a Trump y a los fascistas de Wall Street al interior mismo de la bestia imperialista. La huelga general de Minneapolis del 23 de enero amenaza con expandirse a centenares de ciudades de EEUU.
La huelga general para derrotar a Trump, aplastar sus bandas fascistas, e ir por los fondos de inversión buitres de Wall Street, está a la orden del día.
Como ya dijimos, una ofensiva militar superior por parte de EEUU puede generar nuevamente la emergencia de un poderoso movimiento antiguerra, como ayer lo hizo por la Palestina masacrada. Este es el movimiento que debe volver a ganar las calles y empalmar con la lucha de Minneapolis, puesto que el combate de Gaza y la batalla de los migrantes es la misma lucha de una misma clase al interior de EEUU, en Medio Oriente y a nivel internacional.
La clase obrera italiana, junto a los obreros de Grecia y de Bélgica, dieron pasos decisivos con el método de la huelga general, para apoyar a las masas martirizadas de Gaza. ¡Esas son las fuerzas que aún están y las que deben ponerse de pie sin demoras!
El reformismo busca tirar agua sobre el fuego de las masas, que por millones en el mundo ganaron las calles por Palestina, justo en momentos en que se está asentando el genocidio. Esto es una traición abierta de las direcciones de la clase obrera a nivel internacional.
En Medio Oriente, para nada la cuestión está decidida, aunque las burguesías nativas pusieron a las masas a la defensiva, que vienen de sufrir un enorme calvario de genocidios y masacres. Así respondió el imperialismo a los grandes procesos revolucionarios de las masas que se abrieron desde 2011.
Pero el fuego de Teherán no se apagó. En Gaza la resistencia no se rinde. La situación está abierta en el Líbano… La batalla es por que vuelva Túnez y el Egipto revolucionario de 2011, que hicieron temblar a todo Magreb y Medio Oriente.
La lucha antiimperialista de los pueblos musulmanes y las masas árabes debe pasar a las manos firmes de la clase obrera.
Solo la alianza de la clase obrera y los campesinos pobres del mundo colonial y semicolonial, junto a la clase obrera de los países imperialistas en lucha, podrá derrotar la ofensiva imperialista y la noche negra que amenaza con ceñirse sobre ellos.
Sin demoras, antes de que sea tarde, hay que poner en pie un movimiento internacional que multiplique por mil las acciones en las calles de la clase obrera mundial para aplastar la ofensiva imperialista y su máquina de guerra asesina, para liberar a Gaza del martirio y del genocidio, y a toda Palestina del río al mar.
¡Hay que derrotar la flota yanqui que marcha a Medio Oriente y aplastar el plan de “paz de los cementerios” de Trump y sus secuaces! ¡Hay que destruir al estado sionista-fascista de Israel y enviar al asesino Trump y su empresa de bienes raíces, que impuso el extermino en Gaza, al basurero de la historia!
La lucha decisiva es hoy. Las fuerzas están. La tarea no es otra que unir y coordinar a la clase obrera mundial.
¡HAY QUE CONQUISTAR LA HUELGA GENERAL INTERNACIONAL!
¡Hay que parar el genocidio! ¡Hay que aplastar al imperialismo!
¡Para que la clase obrera viva, el imperialismo debe morir!
En los levantamientos revolucionarios de Nepal; del África negra en Madagascar, Tanzania y Mozambique; en el último combate de Bolivia, las masas entran a la pelea con el grito de “¡REVOLUCIÓN!”. Para enfrentar y derrotar al imperialismo, el camino es el de la revolución.
¡A los CEOs de la Shell, BP, Total, ENI, Exxon, Chevron, hay que tratarlos como Trump trata a los millones de migrantes en EEUU y como el sionismo trata a las masas palestinas! ¡Hay que expropiarles sus empresas basadas en el saqueo y las guerras de exterminio, nacionalizarlas sin pago y ponerlas a funcionar bajo control de sus trabajadores! ¡Hay que tomarles sus bancos, desde donde estos parásitos estafaron al mundo entero con sus timbas financieras y ganancias parasitarias que hoy quieren recuperar con saqueo y guerra, si el proletariado internacional no lo impide!
El capitalismo en estado de putrefacción ya no puede resolver ni otorgar ninguna de las concesiones que las masas necesitan ni siquiera para sobrevivir.
Agentes pagos del capital pregonan que sin derrotar a este podrido sistema capitalista y sus estados, las masas pueden mejorar sus condiciones de vida. Lo que sucede en el mundo entero demuestra que esto es mentira. Las revoluciones tecnológicas son para ajustar las armas de guerra que masacran a los pueblos sublevados. Los planes de aumento de los presupuestos de guerra de las potencias imperialistas son a expensas del salario y las conquistas sociales de los trabajadores.
El proletariado se hunde en la destrucción de las fuerzas productivas, donde ya centenares de millones han quedado por fuera del proceso productivo. Hay 300 millones de migrantes recorriendo el mundo buscando un país, un techo y una cama donde instalarse.
El reformismo habla de “socialismo para el futuro” y promete que el paraíso se puede dar en este mundo gobernado por parásitos, esclavistas que saquean a los pueblos oprimidos y atacan brutalmente a la clase obrera mundial.
Por delante, los trotskistas, que combatimos bajo la bandera de la IV Internacional, afirmamos que sin una victoria de la revolución socialista, la civilización entera está en riesgo. El imperialismo en sus disputas por las zonas de influencia, la llevará a la guerra. Esa es la alternativa: revolución socialista o guerra.
El pacifismo de la izquierda occidental se acaba. Llegan a su fin sus “dedos parados” de profesores soberbios, tratando de “bárbaros” a los pueblos que combaten contra el saqueo de las potencias imperialistas.
Dos teorías, dos estrategias y dos programas se enfrentan al interior de la clase obrera mundial
De un lado, los partidos socialimperialistas, la izquierda stalinista que entregaron los estados obreros al capitalismo e imperialismo mundial; y la de sus seguidores y acólitos de renegados del trotskismo. Ellos, aquí y allá, atan a la clase obrera a los pies de las que llaman “burguesías progresistas”, le pintan un paraíso en la tierra a la clase obrera mediante la reforma de este sistema en bancarrota, y así preparan las condiciones de desorganización de toda ofensiva de masas, sometiendo su lucha a sus verdugos que ellos llaman “democráticos” o “progresistas”.
El castrismo ya planteó que “el socialismo no va más” y sus laderos de izquierda dicen que sólo se hará “en el futuro”. La izquierda campista se probó entregando todos los combates decisivos del proletariado internacional.
En EEUU, por dar un ejemplo, el “frente anti-Trump” llevó a la victoria de Biden años atrás. Este es el que, creando ilusiones y falsas promesas, disolvió y desorganizó el ascenso de masas que hizo huir a Trump en su primer mandato. Es el que inició el genocidio en Gaza y partió a Europa con Ucrania invadida por Putin. Caro lo pagó la clase obrera norteamericana, y caro lo está pagando hoy la clase obrera mundial.
Hablamos y denunciamos a una izquierda campista, que pintó a las llamadas “burguesías bolivarianas” como antiimperialistas. Son los traidores del pueblo kurdo del PKK stalinista, que lo sometió a los yanquis en la ocupación de la Siria martirizada. Son los que ya entregaron Cuba al capitalismo, Venezuela a los yanquis, o han administrado, como alumnos modelos, el Chile pinochetista, como lo hicieron Boric y demás lacra stalinista, entre otras tantas traiciones en los cinco continentes.
Del otro lado, combatimos los trotskistas que luchamos por recuperar las banderas de la IV Internacional. Estas han sido llevadas, por los detractores de nuestro partido, al fango del reformismo.
Estamos los que le decimos a la clase obrera la verdad. Que su poder deviene de su unidad. No confiar en nadie, salvo en sus propias fuerzas.
Somos los trotskistas, que afirmamos que el combate es por la revolución socialista como tarea inmediata. Sin luchar por ella todos los días, la clase obrera perderá sus conquistas y avanzará la barbarie sobre la civilización entera.
Somos los que peleamos por que en cada levantamiento revolucionario de masas se pongan en pie organismos de autoorganización, democracia directa y armamento de las masas, mientras los stalinistas y reformistas pelean por desorganizarlos, disolverlos, que no se pongan de pie y que jamás el proletariado se arme para conquistar el pan.
Combatimos por la más intransigente política de independencia de la clase obrera. Es que esta es la única que, acaudillando a todos los sectores oprimidos, puede conquistar la independencia nacional en los países semicoloniales y coloniales, y la victoria directamente socialista en los países centrales.
Estamos los que combatimos por la defensa incondicional de la democracia obrera en las organizaciones de masas y por expulsar de las mismas a las direcciones corruptas y vendidas al capital.
Somos los que combatimos por la unidad de la clase obrera de los países coloniales y semicoloniales con la de los países centrales.
Somos los que le decimos a la clase obrera que hay que volver a intentarlo, a retomar el camino de la victoria de la revolución socialista sin burócratas traidores stalinistas. Sin ella no hay salida para el proletariado, y sin ella el mundo que se viene es el del fascismo, la barbarie y la guerra.
Estamos los que luchamos por refundar la IV Internacional y partidos revolucionarios de combate, cuestión que solo será posible si el proletariado comienza a recuperar, ante los golpes del capital, el internacionalismo militante que el reformismo destruyó.
Reforma vs. Revolución, nuevamente una alternativa de hierro en el siglo XXI.
Carlos Munzer por el Consejo Editorial de "El Organizador Obrero Internacional"
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