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El Organizador Obrero Internacional

2 de octubre de 2026

La derrota de la lucha nacional ucraniana a manos del carnicero Putin y los bandidos imperialistas: un golpe por derecha al combate del proletariado europeo

El imperialismo tiene un hándicap: en el Este Europeo, el carnicero Putin ha vencido en su guerra de partición de Ucrania, quedándose ya con el Donbass y Crimea, con una frontera basada en trincheras de lodo y sangre.
La Ucrania derrotada quedó ocupada por Rusia en el este, y en Kiev quedó instalado un gobierno sirviente del imperialismo, totalmente bonapartista como es el de Zelensky y los oligarcas.
Ucrania está terminando de ser partida, colonizada y saqueada en una feroz competencia entre los bandidos de Wall Street, la city de Londres y de Frankfurt.

La nación oprimida ha sido derrotada y quedó atada con dobles y triples cadenas, con una brutal dictadura instalada en Kiev, como dijimos, por Zelensky y su banda de generales que han liquidado todo proceso de libertades democráticas conquistadas por las masas. Liquidaron todo derecho de huelga, de hacer sindicatos y de expresión.
Mientras, en el Donbass ocupado por Rusia, más de 50 mil obreros mineros han sido despedidos o son utilizados como esclavos en el fabuloso negocio de la reconstrucción que encabezan las empresas constructoras socias de Putin. Un proletariado martirizado, sin derecho alguno, como sucede también en toda Rusia.

Ucrania ha sido convertida en una gran fábrica a cielo abierto de armas de última generación. Así terminó la derrota nacional de Ucrania, que solamente podía vencer con la clase obrera ucraniana unificada, tomando con sus consejos de obreros y soldados la dirección de la guerra nacional, y junto al proletariado europeo, y ruso en particular, conquistar una Ucrania soviética para poder ser realmente independiente.
Ucrania fue independiente solo bajo la dictadura del proletariado de Lenin y la III Internacional revolucionaria y apoyada en el combate de la clase obrera soviética y de todo el proletariado europeo, como lo demostrara su independencia y luego su federación democrática con la URSS en 1921.

Las corrientes de la izquierda reformista internacional han quedado de rodillas ante el asesino Putin, o bien, otros a los pies de los bandidos imperialistas de la OTAN…
Insistimos, Ucrania ha quedado derrotada, partida, colonizada… Y aún sigue habiendo lacayos de la burguesía y el imperialismo que afirman que en esa nación de más de 40 millones de habitantes, que hoy tiene más de un millón y medio de muertos, no existía ni existe ninguna tarea de liberación nacional.
Los bandidos imperialistas, como así también el asesino Putin, tanto en el Este como en el Oeste, se quedaron con las minas quizás más grandes de Europa, con las tierras más productivas del “viejo continente”, con las “tierras raras” (llenas de minerales básicos para la industria de guerra), con una mano de obra de las más especializadas de Europa del Este y con los enormes gasoductos que abastecían a toda la Europa de Maastricht.

Esto es lo que empuja más y más a Trump a organizar un pacto con Putin para ser los yanquis los que se queden con la nueva colonia ucraniana e inclusive en la primera línea para llegar a Rusia, que también ha quedado debilitada en estos años de guerra.

Aún sigue habiendo seguidores del asesino Putin, el chacal de Siria, de Kazajistán, de Armenia, de Chechenia, el fascista de Moscú que apoya abiertamente el genocidio y las masacres del sionismo en Palestina y todo Medio Oriente, que insisten que lo que hubo en Ucrania fue “una guerra entre la OTAN y Rusia”… Esto es una cortina de humo de los que hoy deben hacerse responsables de la destrucción de la clase obrera y de la nación ucraniana, devenida en una nueva colonia.

¿Cómo ignorar que son las bases militares rusas las que protegen el saqueo del petróleo de las empresas imperialistas de Kazajistán, Kirguistán, etc. y garantizan que la British Petroleum se lleve todo el petróleo del Mar Negro junto a Turquía?

Plantear que el arsenal de Ucrania con el que se combatía a Moscú era todo el potencial de guerra de la OTAN, no solo es una estupidez, sino una mentira infame.
La nación ucraniana estuvo durante 4 años con misiles que no llegaban a más de 200 kilómetros, sin aviación, sin escudo protector… Miserables.
Si esas son las fuerzas de la OTAN que supuestamente pelearon en Ucrania, la OTAN no existe.

Bastaría con que dejen de mentir por un día para que la clase obrera clarifique quiénes son sus aliados y quiénes son sus enemigos.
Cualquier charlatanería es válida para el reformismo para someter a los trabajadores a sus enemigos en la lucha de clases y también en las guerras.

Esto lo decían cuando lo que estaba planteado era que sean los trabajadores y los soldados rasos los que tomen la dirección de la guerra para unir a la clase obrera ucraniana, sublevando al proletariado europeo y derrotando al carnicero Putin. Esto hubiera despertado un enorme entusiasmo entre los trabajadores de todo el mundo.

La política del imperialismo, de los yanquis en particular, fue dejar correr la partición de Ucrania por parte de Putin en el Donbass y Crimea, para que Rusia se desgaste económica y militarmente, pero sin ganar la guerra. El objetivo era que los bandidos imperialistas sean los que ganen la guerra y colonicen ellos a Ucrania por completo. Y mientras tanto, la política de EEUU era separar al Maastricht imperialista, centralmente a Alemania, del gas y las materias primas baratas que saqueaban de Rusia.

La de Ucrania es una pesada derrota que el proletariado europeo carga sobre sus hombros, puesto que amenaza con extenderse sobre todo el Glacis.

La vieja Unión Europea ya no volverá a ser lo que fue

El gas barato de Rusia había permitido el aumento de la productividad del trabajo en toda la Unión Europea que estaba bajo la égida franco-alemana. El mercado europeo fue cerrado para EEUU e inclusive para Inglaterra con altos aranceles.
A la Europa imperialista le comenzaba a ir bien en el siglo XXI y a EEUU, mal. Ahí está el estallido y el crac económico de Wall Street del año 2008 y sus crisis recurrentes, cuestión que empuja a los yanquis, hoy con Trump, a una política agresiva para volver a tomar el control del comercio y la política mundial.

De ello se trató el doble carácter de la guerra de Ucrania: EEUU volvió a los tiros al “viejo continente”, dislocando el mercado europeo y dejando aislada a la gran Alemania, que siendo el país de mayores inversiones en Rusia y el que se quedaba con sus materias primas baratas, buscaba quedarse como vencedor de la restauración capitalista que en el 89 se impuso en la ex URSS y los estados del Este Europeo.
Ello no podía ser. Fue el imperialismo angloyanqui el que lo había conquistado.
Así la guerra de Ucrania comenzó con Putin invadiendo el Este, y con EEUU bombardeando y haciendo volar por los aires el NordStream II, el gasoducto que desde Siberia llegaba directamente a la gran Alemania. Esa historia llegó a su fin. Ahora es EEUU el que obligó a Alemania a comprarle gas licuado a 10 veces más valor del que le vendía Rusia, cuestión que profundizó y profundiza la crisis del imperialismo alemán.

Son estas brechas y estas crisis en las alturas de las potencias imperialistas las que explican también que en ellas y entre ellas irrumpan las masas que no están dispuestas a pagar la crisis de la Europa hoy en bancarrota.

La gran Alemania emergida del 89 amenaza con desplomarse. En silencio, por ahora, mientras se arma hasta los dientes, coquetea con EEUU para ir juntos a Moscú.
Sus elites dominantes se dividen, cuestión que se expresó en las últimas elecciones. El viejo centro político de la gran burguesía alemana, el CDU, se hundió electoralmente, como también les sucedió a sus socios de la socialdemocracia.
Amplios sectores del imperialismo alemán plantean que el sometimiento a EEUU les sacará sus negocios y ya han puesto en pie un movimiento proto-fascista que se prepara para volver a recuperar la gran Alemania pero esta vez armada hasta los dientes.
Mientras, ante el hundimiento de la socialdemocracia, surge el Die Linke (“La Izquierda”), que no es más que el intento de amplios sectores de las masas de mantener la vieja época de “paz” y “progreso” de la vieja Alemania. Pero eso ya no es ni será posible. La guerra de clases ha comenzado.
Ahora ha quedado el proletariado alemán cara a cara con la burguesía imperialista que viene por él para tirarle toda la crisis.

Inglaterra y Francia, arrinconadas por la ofensiva yanqui, establecen alianzas circunstanciales. Hasta los mismos yanquis plantean que el Reino Unido se debe descuartizar, con la independencia de Irlanda, Gales y Escocia, mientras Trump cerca Europa con un pacto con Dinamarca, conquistando bases militares exclusivas en Groenlandia.

Esta crisis del mercado europeo y la ofensiva de EEUU es lo que explica que las potencias de Maastricht y los gobiernos capitalistas de Europa larguen una feroz ofensiva sobre sus propias clases obreras.
Los trabajadores responden. Pero si el proletariado no avanza a la revolución proletaria, el camino a la guerra interimperialista, que es por Rusia, por China, por las rutas comerciales, el petróleo, etc., será inevitable; como lo será también la emergencia del bonapartismo y del fascismo.
La “pax” de Maastricht ha llegado a su fin.

La última palabra no está dicha. La clase obrera europea, al igual que la norteamericana, ya se ha puesto de pie y combate al interior de los países de los bandidos imperialistas. Allí está el camino para terminar con la barbarie que hace rato ha comenzado.

Carlos Munzer

 

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