Publicamos aquí una polémica entre los integrantes de la entonces Fracción Leninista Trotskista (FLT), sobre la cuestión palestina y la llamada “clase obrera israelí”, un debate clave que cruza hoy al movimiento marxista internacional.

19 de marzo de 2014

POLÉMICA CON LA WIVL (SUDÁFRICA)
Sobre la cuestión palestina y la “clase obrera israelí

Queridos camaradas de la WIVL:


Como se lo anticipamos en cartas anteriores, el Plenario del SCAI de la FLT realizado del 07 al 14 de febrero pasado discutió intensamente sobre la Cuestión Palestina, uno de los focos de la lucha de clases mundial que concentra las contradicciones de la actual situación internacional.
Ustedes ya cuentan con varios de nuestros documentos públicos sobre Palestina, asimismo en medio de la ofensiva sionista sobre Gaza nuestro camarada XX. a nombre de la FLT sostuvo una rica discusión al respecto con ustedes. Con el ánimo de profundizar y desarrollar esa discusión, en esta oportunidad queremos transmitirles las conclusiones que sobre la Cuestión Palestina homogenizaron a nuestro Plenario, particularmente acerca de las tareas y el programa frente a ese test ácido de la lucha de clases mundial.
Nuestra fracción ha tenido la oportunidad de conocer y estudiar con mucha atención no sólo la política de la WIVL para Sudáfrica -con la cual, como es sabido, compartimos importantes acuerdos expresados en el combate al frente popular del CNA, es decir, el gobierno administrador del régimen del Apartheid- sino también sus posiciones sobre Palestina, en especial las referidas a la masacre contra los obreros y explotados de Gaza.
Por ello, antes de informarles de la política y el programa adoptado por nuestro Plenario acerca de la Cuestión Palestina y de responder a las inquietudes que a propósito de ello ustedes nos manifestaron días atrás, opinamos que es muy importante constatar los importantes acuerdos que consideramos ambas corrientes mantenemos al respecto.
Así en el combate por la causa palestina, que indudablemente es la causa de todo el proletariado mundial, coincidimos plenamente en la lucha por la destrucción del estado de Israel; el llamado al proletariado de los países imperialistas y del mundo entero a acudir en ayuda internacionalista de sus hermanos de clase palestinos; la denuncia de Al Fatah como una dirección burguesa colaboracionista con el sionismo y el imperialismo, carcelera de su propio pueblo; de Hamas como una dirección pequeñoburguesa que utiliza el control que ejerce sobre la heroica lucha de las masas palestinas, que se niegan a reconocer al estado de ocupación sionista de Israel, para regatear una tajada de los negocios; la denuncia a la trampa de los Acuerdos de Oslo de 1993 y los demás pactos de “dos estados”; la lucha por la libertad de los miles y miles de combatientes palestinos mantenidos como rehenes en las mazmorras del sionismo; el combate a “su” propia burguesía por mantener mil y un lazos financieros y comerciales con Israel, etc. Así queda de manifiesto en la respuesta del 29/01 del camarada Shaheed Mahomed a nuestro Dossier Especial sobre Palestina (acerca del pacto contrarrevolucionario de Sharm El Sheik-Egipto, la “Operación Plomo Fundido”, un estudio marxista de la lucha de liberación nacional de las masas palestinas y el rol de las burguesías islámicas, etc.), fuera la siguiente: “Gracias por el Dossier, estamos de acuerdo con la mayor parte de lo que ustedes dicen excepto por su silencio alrededor de la clase obrera judía. Pensamos que esto es una omisión muy crítica, sin la cual la lucha de la clase obrera de Medio Oriente no podrá triunfar.

Efectivamente pensamos que se trata de profundizar el debate sobre la cuestión palestina, abordando desde los acuerdos fundamentales que tenemos las diferencias que han surgido sobre la cuestión de la clase obrera israelí, con el método de convencer y ser convencidos.
Desde la FLT opinamos que para conquistar el mejor programa para el proletariado, en particular para las heroicas y martirizadas masas palestinas, es imprescindible someter nuestros programas a esta discusión entre trotskistas internacionalistas.
En ese sentido es que reivindicamos el método internacionalista de elaboración marxista empleado por vuestra organización, el cual, por ejemplo, sometió su programa para intervenir en las elecciones burguesas de Sudáfrica a la discusión del movimiento marxista internacional, solicitándole a las organizaciones que se reclaman del trotskismo internacionalista que les acercaran sus críticas, enmiendas y aportes a vuestra plataforma programática.
Tenemos plena convicción de que aquel método, con el cual corrientes que nos reivindicamos trotskistas buscamos romper el aislamiento internacional que nos impusieron tantas capitulaciones y traiciones cometidas por los renegados del trotskismo en nombre de la IV Internacional, es el que debemos aplicar para la presente discusión.
Conociendo las distintas declaraciones que han editado frente a la cuestión palestina, sabemos que fueron ajustando y calibrando vuestro programa frente a la cuestión de la clase obrera israelí. En los que nos parece un enorme paso adelante, tenemos vuestra declaración llamando a aislar a la HISTADRUT. Pero sabrán comprender que lo que vamos a abordar no es la evolución de vuestras posiciones sino la posición oficial que nos enviaron sobre nuestra omisión, según vuestra interpretación, de “la importancia de la clase obrera israelí para que triunfe la causa palestina” como lo establece la cita planteada más arriba.
Al mismo tiempo pensamos que este debate es importante porque al discutir sobre la candente cuestión palestina - que concentra el carácter internacional de la revolución proletaria y la cuestión nacional, la aristocracia obrera, el frente popular, los pactos contrarrevolucionarios y el fascismo- sometemos nuestros programas y los acuerdos que a partir de ellos establezcamos o no, a la implacable prueba de la lucha de clases.
Justamente por ello es que enviamos esta carta a vuestra organización porque creemos que es uno de los puntos de debate que tenemos pendientes. Es que estamos orgullosos de la relación internacionalista que estamos estableciendo. Porque estamos pasando el programa marxista por la prueba de la lucha de clases, de la revolución, la contrarrevolución y la guerra que es en donde se define realmente el carácter de las organizaciones que decimos luchar por el marxismo revolucionario.
Vuestra declaración sobre la cuestión sudafricana y vuestro combate contra el frente popular es una conquista del movimiento marxista revolucionario internacional, como creemos que lo es también nuestro combate contra el frente popular en América Latina, en Medio Oriente y en Bolivia en particular.
Se trata de avanzar. Lenin aconsejaba que cuanto más acuerdo hay entre las corrientes del marxismo revolucionario, más tenemos que discutir las diferencias porque ello es lo que permite una aproximación principista porque, en última instancia, las tareas, programas y combates que acordemos deben pasar la prueba del combate de clases. Y a la vez este es el único mecanismo que nos permite convencer, ser convencidos y buscar la verdad, puesto que en estas discusiones no está en juego tan sólo la suerte del movimiento revolucionario mundial sino la de la clase obrera internacional.

En estos casi 70 años desde la fundación de la IV Internacional, y sobre todo a partir de la post guerra, las distintas capitulaciones de nuestro movimiento impidieron una continuidad del programa marxista y, desde nuestro punto de vista, es una obligación de nuestras corrientes, en una discusión fraternal pero franca a nivel internacional, intentar unir esos hilos que se han roto producto del pablismo y el revisionismo.
Por nuestra parte llegamos a nuestras posiciones sobre la acuciante cuestión palestina desde que surgiéramos rompiendo con el PTS de Argentina en el año 1998. Este partido, de forma desvergonzada, se fue a una política de “autodeterminación para Palestina”, política contrapuesta a la derrota del Estados sionista fascista de Israel y a la tarea de independencia nacional de la nación palestina, una forma más de sostener la política de “dos estados” y de los acuerdos de Oslo y la “Hoja de Ruta” de las potencias imperialistas. Muy parecido a lo que plantean hoy en Guadalupe con sus aliados del CRI y su Tendencia CLAIRE del Nuevo Partido Anticapita-lista francés, que hablando de la “autodeterminación de Guadalupe” se niegan a levantar la derrota de las tropas de ocupación francesas de las Antillas y del estado colonial.
En el 2000, luego de que Arafat y la OLP reconocieran al estado de Israel y tomaran el control de las indomables masas palestinas en Gaza y Cisjordania, y cuando estas se rebelaron contra la propia OLP y su policía interna, desarmándola e iniciando un proceso revolucionario, nuestra corriente definió que había comenzado un proceso revolucionario que expresaba en la lucha por la liberación nacional contra el estado de ocupación sionista fascista, la lucha por la revolución obrera y socialista en Palestina y en toda la región. Proceso revolucionario que luego fuera aplastado a sangre y fuego en el 2002 por Sharon, que entró a los campamentos palestinos masacrando a mansalva, pero preservando a Arafat y toda la dirección de la OLP para que siguieran controlando a los guetos palestinos de Gaza y Cisjordania.
Esperamos que ya hayan recibido también, si no se los haremos llegar, nuestras posiciones sobre la fenomenal derrota que le impusieran las masas del Líbano, en 2006, al ejército sionista.
Hoy nos toca buscar con ustedes el mejor programa para que triunfen las masas revolucionarias de Medio Oriente. La cuestión palestina ha cruzado ya toda la primera década del siglo XXI como una cuestión que ha dividido a reforma de revolución en el movimiento revolucionario internacional.
Sabemos que estamos en la misma barricada de combate y que juntos podemos reglar nuestras armas políticas y programáticas. De ello se trata el debate que aquí comenzamos.

La aristocracia obrera sionista, una malformación reaccionaria y contrarrevolucionaria del proletariado mundial

Vamos a comenzar por hacer afirmaciones. La primera de ellas, es que el movimiento revolucionario no puede confundir a las huelgas y luchas de la clase obrera con las acciones, huelgas o manifestaciones reaccionarias de sectores de las aristocracias y las burocracias obreras que van en contra de los intereses de la mayoría de la clase obrera. Por ejemplo, empujados por los líderes de las Trade Union inglesas una minoría de los trabajadores de la construcción y el petróleo iniciaron huelgas en contra del trabajo a los inmigrantes y por “trabajo inglés”. Así intentan supeditar los intereses de la mayoría de la clase obrera inglesa y los de la clase obrera de las colonias y semi colonias -que el imperialismo inglés oprime y de las que saca súper ganancias- a los intereses de una minoría de burócratas sindicales y de la aristocracia obrera mundial que le quieren hacer creer al proletariado inglés que dividiendo sus filas de las de la clase obrera europea y las colonias británicas, se pueda salvar a sí mismo.
Esas son huelgas reaccionarias impulsadas por el capital financiero internacional con sus agentes pagos al interior del movimiento obrero inglés y mundial. Verdadera huelga de carneros rompehuelgas.
Como decía Lenin, justamente, “el imperialismo es la escisión del socialismo” y se sostiene comprando para que actúen como guardia cárceles del movimiento obrero a un sector de su clase enemiga, es decir, la burocracia y la aristocracia obrera, la causante en última instancia de la emergencia de partidos obreros contrarrevolucionarios como el estalinismo, la socialdemocracia, etc. En esto nos pondremos rápidamente de acuerdo. Justamente, resolver la crisis de dirección es derrotar a los partidos agentes del capital en el movimiento obrero. Y si esto es grave en los países imperialistas es doblemente grave en el mundo semi colonial y un millón de veces más grave en países ocupados, en este caso, por el invasor sionista.
Camaradas, no ignoramos a la clase obrera israelí, si no que definimos y es lo que vamos a demostrar, que estamos frente a una minoría sionista de la clase obrera, que actúa ante la mayoría de la clase obrera de la nación palestina y de toda la región como carneros rompehuelgas, pagos por el sionismo. Les adelantamos que esta no es una discusión nueva, ni en la III ni en la IV Internacional contra el sionismo “obrero” e inclusive contra el propio “Bund judío” que fuera expulsado en 1902 del Partido Bolchevique.

Para nosotros en la Palestina ocupada se da exactamente lo mismo que en 1935 definiera Trotsky en su artículo “Sobre las Tesis sudafricanas” acerca de la situación de la clase obrera de Sudáfrica en el régimen del Apartheid: “El proletariado del país está constituido por parias negros atrasados y una privilegiada, arrogante casta de blancos. Aquí reside la principal dificultad” . Opinamos que lo que hay en la Palestina ocupada es una mayoritaria clase obrera palestina y árabe, como lo demuestra el millón cuatrocientos mil proletarios árabe-palestinos que realizando los trabajos más pesados y peor pagos en Israel constituyen el 90% de la clase obrera en el Estado sionista-fascista de Israel, es decir, en la Palestina ocupada, asimismo quienes viven hacinados en campos de concentración a cielo abierto como lo son el millón y medio de palestinos de Gaza, los millones de obreros y explotados de Cisjordania y los millones de palestinos de los campamentos del sur del Líbano, también los casi tres millones de palestinos que viven en Jordania, expulsados de su tierra. Todos ellos constituyen la fuerza de una mano de obra esclava no solamente para el invasor sionista sino para todas las burguesías explotadoras de la región en Medio Oriente. Y opinamos que hay una minoritaria, arrogante y fascista aristocracia obrera sionista organizada en la Histadrut para justificar la existencia y defender los intereses de ese estado fascista creado por el imperialismo, y centralmente para aplastar al proletariado palestino con métodos de guerra civil.
Para nosotros entonces, tampoco es posible la unidad de la clase obrera palestina con la aristocracia obrera sionista, ya que sus intereses están opuestos en un ángulo de 180°. Trotsky decía en su carta “Sobre las Tesis sudafricanas”: “Las posesiones su - dafricanas de Gran Bretaña constituyen un dominio sólo desde el punto de vista de la minoría blanca. Desde la perspectiva de la mayoría negra, Sudáfrica es una colonia esclavizada”. Parafraseándolo, podríamos decir que desde el punto de vista del imperialismo, de su gendarme sionista y la casta de burgueses, pequeño-burgueses y esta aristocracia obrera sionista que sostiene, armada, la ocupación de Palestina, el Estado de Israel es una “democracia” con un gobierno, un Parlamento, partidos políticos, elecciones, y sindicatos. Mientras que desde la perspectiva de los casi 10 millones de personas que componen la nación palestina diseminada en los países de Medio Oriente, oprimida en los guetos y mantenida a raya con las peores de las represiones y falta de derechos como en Jerusalén, Haifa, Belén, etc., constituyen una mayoría sometida al sionismo como gendarme de la región.
Es más camaradas, esta arrogante y fascista fracción de la clase comprada por el capital sionista e imperialista no es la única malformación del proletariado mundial que ha dado la aristocracia y la burocracia obrera en esta época imperialista; ha dado otras malformaciones horrendas que ha padecido el proletariado mundial como el surgimiento de la burocracia stalinista como expresión de la derrota de la revolución alemana y el aislamiento de la URSS.
El trotskismo, con la IV Internacional y su programa, fue el que más crudamente tuvo que responder a esta segunda “escisión del socialismo”, de la misma manera que ya lo había hecho la III Internacional contra la primera “escisión del socialismo” que fuera la socialdemocracia que llevó al proletariado a la primera carnicería mundial en la guerra de 1914.
Las tareas de la revolución política, de barrer a la burocracia y la aristocracia obrera en los estados obreros con el método de la guerra civil y la revolución política significaba que para que el estado obrero viva y vuelva a ser transformado en un bastión de la revolución mundial, ya no cabía ninguna unidad entre la clase obrera rusa y la podrida burocracia stalinista, sostenida en una minoritaria aristocracia obrera stajanovista, sino que había que derrocarla con métodos de guerra civil y de revolución política. Como sucede con la clase obrera a nivel mundial que si no derrota a la aristocracia y la burocracia obrera barriéndola de sus sindicatos y sus organizaciones de lucha, no puede ni soñar con derrocar al régimen burgués y poner sus organizaciones mínimamente a la altura del combate contra el enemigo de clase.
Las tácticas de frente único obrero no son más que eso: tácticas del movimiento revolucionario para terminar de ganar a la mayoría de la clase obrera y arrancarla de las garras de la aristocracia y la burocracia obrera que la oprime y la somete al capital. En el caso de la clase obrera palestina, cuando la burocracia y la aristocracia obrera sionista no son más que un apéndice de un estado de ocupación del que reciben sus privilegios, no habrá otra solución que derrocarla junto con el estado que la arma y le da sus privilegios, con la revolución obrera y campesina, única que podrá liberar a la Palestina ocupada por el gendarme sionista.
Recordemos juntos el Programa de Transición, en su capítulo sobre la revolución política que es un verdadero programa para la misma, que se concentra en “¡Fuera la aristocracia y la burocracia obrera de los soviets!” “¡Abajo sus medallas y condecoraciones!”. Contra estas consignas de la revolución política Krapov le preguntaba a Trotsky qué pasaba si un sector de la burocracia o aristocracia obrera quería enfrentar al estalinismo. Para Trotsky la discusión sobre la expulsión de la aristocracia y la burocracia obrera de los soviets no se trataba de un problema jurídico sino que le respondía a Krapov que el programa estaba ligado a qué fuerzas eran las que había que poner en pie para recuperar los soviets y el estado obrero, que no eran otras que las de la amplia mayoría de la clase obrera sojuzgada por el estalinismo. Y si algún aristócrata o burócrata del estado obrero quería combatir realmente al estalinismo lo único que tenía que hacer era pasarse con sus armas al campo de los obreros que lo enfrentaban.

La supuesta “clase obrera israelí”: una minoritaria y arrogante aristocracia obrera, base social del Estado sionistafascista gendarme del imperialismo en Medio Oriente

Para imponer su política antiobrera, contrarrevolucionaria, fascista y de ocupación a la nación palestina el sionismo necesitó apoyarse y materializarse en las capas más calificadas y mejor pagadas de la clase obrera, en la aristocracia obrera que, efectivamente, fue llevada a Palestina con enormes privilegios para oprimir y masacrar a la única clase obrera que existe en la región, que es la clase obrera palestina y árabe. Tal como lo definiera el marxismo revolucionario luego de 1914, vale decir, luego del surgimiento de la época imperialista que trajo consigo la escisión del socialismo, la aristocracia obrera es un agente pago del gran capital financiero que al interior del movimiento obrero sirve a los fines de la burguesía, no sólo en las épocas de ‘paz’ sino también en la guerra civil.
La supuesta “clase obrera judía” del Estado sionista-fascista de Israel, no es sino una capa arrogante y privilegiada de aristócratas obreros sionistas, aliados al imperialismo y la burguesía sionista, comprados y pagados con las superganancias de la superexplotación de la clase obrera palestina que obtienen la burguesía sionista y los monopolios imperialistas, que se nutren permanentemente con ese ejército industrial de reserva en que ha devenido la mano de obra esclava palestina reclutada en los campos de concentración por la burguesía sionista, y de las colonias y semicolonias de Medio Oriente y el mundo, para que sostengan y defiendan como guardia blanca de la burguesía, al Estado fascista de Israel, y así este pueda cumplir su rol de gendarme del imperialismo en la región, como en las guerras de agresión imperialista de Afganistán e Irak, donde Israel ha sido el portaviones del imperialismo yanqui y las demás potencias imperialistas. En consecuencia, como está expresado en nuestras declaraciones y artículos, nuestra política hacia la arrogante y minoritaria aristocracia obrera israelí es la de lucha directa, sistemática, prolongada, declarada y abierta en su contra, por derrotarla con métodos de guerra civil.

En sintonía con lo anterior, Lenin señaló claramente que: la aristocracia obrera «en la guerra civil entre el proletariado y la burguesía, se colocan inevitablemente en número considerable al lado de la burguesía.» (Lenin, Prólogo de 1920 a “El imperialismo”, negritas nuestras).
Asimismo Trotsky no dudaba en calificar a la aristocracia obrera como una capa pequeño burguesa, y afirmaba que ésta, y el lumpenproletariado, son correas de transmisión del fascismo al interior de la clase obrera: «Los obreros no están en absoluto inmunizados de una vez por todas contra la influencia de los fascistas. El proletariado y la pequeña burguesía se presentan como vasos comunicantes, sobre todo en las condiciones actuales, cuando el ejército de reserva del proletariado no puede dejar de suministrar pequeños comerciantes, vendedores ambulantes, etc., y la pequeña burguesía desarraigada , proletarios y lumpenproletarios. Los empleados, el personal técnico y administrativo, ciertas capas de funcionarios, constituyeron en el pasado uno de los apoyos importantes de la socialdemocracia. En la actualidad, estos elementos se han pasado o se están pasando a los nacionalsocialistas. Tras de sí pueden arrastrar, si no han comenzado a hacerlo ya, a la aristocracia obrera. Siguiendo este camino, el nacionalsocialismo penetra por arriba en el proletariado. De todas formas, su eventual penetración por abajo, es decir, por los desocupados, es mucho más peligrosa” (León Trotsky, “La lucha contra el fascismo en Alemania”, artículo “¿Y ahora?”, 1932).
Y esto queda claro, camaradas, en que el sionismo con el cambio de época se dio perfectamente cuenta, como lo hicieron todos los explotadores, que movilizando a las capas pequeño-burguesas de la sociedad podría formar cuerpos de choque capaces de aplastar al proletariado en la guerra civil. Usando inclusive demagogia seudo “socialista” y chovinista, el fascismo organizó a las capas pequeño-burguesas, como lo hizo con los aristócratas obre ros de la Histadrut y los colonos lúmpenes de judíos marroquíes de los kibbutz, para lanzarlos sobre el proletariado y aplastarlo con métodos de guerra civil. Eso es lo que se dio y se da en Palestina. El sionismo se organizó como fascismo, se puso al servicio del capital financiero, primero británico y luego yanqui, llevando adelante la guerra civil contrarrevolucionaria, el terror blanco, para aplastar la lucha de liberación nacional llevada adelante por la clase obrera y los explotados de Palestina, que ya habían demostrado su abnegación, su heroísmo, su capacidad de combate y su disposición de ir hasta el final en la huelga insurreccional de 1936.
Por eso es que todo “ciudadano israelí” mayor de 17 años, sea hombre o mujer, obligatoriamente recibe tres años de entrenamiento en el ejército y queda como reservista –es decir, queda armado- hasta la vejez. Así, de los cinco millones de “ciudadanos” sionistas, al menos tres millones mayores de 17 años, están permanentemente armados para mantener sometido y esclavizado al pueblo palestino cuya tierra han usurpado: están armados todos los judíos askenazi en los kibutz. Están armados esos tecnócratas, ingenieros, profesionales y aristócratas y burócratas obreros de la Histadrut actuando como capataces en las fábricas donde trabajan bajo condiciones de esclavitud los más de un millón de árabes palestinos que viven en Jerusalén, Tel Aviv, Haifa y otras ciudades sionistas de la Palestina ocupada; están armados los profesores en las escuelas; están armados los rabinos en las sinagogas y escuelas religiosas; están armados los estudiantes universitarios sionistas; están armados los sionistas en los Kibbutz; están armados hasta los dientes los colonos sionistas de las miles de colonias que todavía quedan en Cisjordania, etc.
Todos ellos defienden sus intereses y privilegios a costa de la ocupación de la nación palestina y de la súper explotación de la clase obrera palestina, árabe y de toda la región.
Las armas que carga esa arrogante aristocracia obrera sionista-fascista israelí, jamás han estado a disposición de una huelga (que nunca se ha visto) con un comité de huelga armado para enfrentar a la patronal israelí, por el contrario están solamente al servicio de disparar contra las masas palestinas porque de ello depende mantener su excelente y espectacular nivel de vida, sostenido por el imperialismo yanqui que aporta más de 6 mil millones de dólares de ayuda directa para sostener las cajas del estado sionista. Lo que pasa es que la aristocracia obrera israelí es parte fundamental del partido sionista, ese partidoestado cuyo programa escrito y público plantea que: “… la única solución es una Palestina, o al menos una palestina occidental sin árabes… y no hay otro camino que transferir a todos los árabes desde aquí a todos los países vecinos, transferirlos a todos: ni una aldea, ni una tribu deben quedar…”, es decir, un programa de exterminio sobre la base del cual los sionistas han impulsado cada una de las masacres que han perpetrado contra el pueblo palestino.
La creación ficticia, a sangre y fuego, del Estado sionista-fascista de Israel, de ese enclave colonial de ocupación para que actúe como gendarme del imperialismo en la región, y su existencia hasta el día de hoy ha implicado la compra de esa capa de aristócratas obreros sionistas privilegiados, para que actúen, junto a la pequeño- burguesía sionista, como fuerza de choque contra el proletariado palestino. Camaradas, a eso se debe la definición que hacemos del Estado sionista de Israel como fascista.

La Histadrut, un sindicato sionistafascista al servicio de la ocupación de Palestina

Justamente, con el fin de llevar a las colonias sionistas a la capa más alta de la aristocracia obrera sionista, y también a pequeño-burgueses y burgueses, en 1920 fue formada la Histadrut por la burguesía sionista junto al “sionismo obrero”.
La Histadrut, que toda la izquierda reformista mundial quiere presentar como una central sindical más, además de ser un sindicato fascista, desde sus inicios fue también una agencia de empleo para darle técnicos y trabajadores de alta calificación a las empresas imperialistas, y en ese entonces, inclusive el Histadrut y el “sionismo obrero”, es decir, la “clase obrera israelí”, ya tenían sus propias empresas: fábricas de alimentos, grandes almacenes y bancos. Es decir que la Histadrut fue fundada como una corporación obrero patronal. Es que, justamente, el sionismo surge como política de la gran burguesía para contener al verdadero movimiento de “judíos revolucionarios” que entraban a los partidos marxistas y al combate por la revolución socialista internacional.
Por cierto la Histadrut formó las tropas de choque fascistas al servicio del capital financiero, primero de la corona británica y luego del imperialismo yanqui, para luchar contra los obreros árabes y palestinos y su lucha de liberación nacional. Ello lo demostró sobre manera en la huelga insurreccional de 1936, no sólo con sus 15 mil afiliados jugando el rol de rompehuelgas armados, sino también formando su propia milicia, la Haganá, que luego fue reclutada por el ejército inglés para dirigir la policía al interior de Palestina. De esa oficialidad salió luego el alto mando del ejército sionista. Tanto la Haganá como el Irgun, ambos milicias fascistas de la Histadrut, fueron las que junto a las tropas imperialistas aplastaron la insurrección palestina de 1947, para que se impusiera a sangre y fuego el pacto contrarrevolucionario en Medio Oriente de formación del enclave sionista, sostenido por la burocracia stalinista.
Camaradas de la WIVL, la Histadrut no es una central obrera estatizada más, es una central fascista que ayudó y ayuda decisivamente al sionismo a ocupar Palestina. Por ello hoy la misma Histadrut define que era un «estado en construcción» en la época en que aún no se había formado el enclave sionista, y así lo mostró claramente con su accionar. Es una organización que se compone de patrones, capas altas de asalariados, técnicos altamente calificados de las empresas del enclave sionista de ocupación en el territorio usurpado a la nación palestina. Hoy es parte integrante del partido-estado sionista fascista y continúa organizando fuerzas de choque fascistas contra los obreros y explotados de Palestina. Por ello camaradas, y tal cual lo desarrollaremos más adelante, creemos que ustedes cometen un error cuando en una de sus cartas nos plantean que era una necesidad que la clase obrera palestina unificara sus organizaciones con la Histadrut.

El sionismo y la izquierda reformista mundial

El sionismo como partido burgués, con periodistas como Theodor Herzl como ideólogos, y financiado por grandes banqueros como los Rothschild, desde un principio, asumió una ideología fascista y racista: reivindicaba el “derecho” de los judíos como una “raza elegida por dios”, a ocupar Palestina, quitándole el territorio a las razas “inferiores” y “salvajes” de Medio Oriente. Desde que se asentaron en Palestina los primeros ocupantes sionistas, pasando por la formación del estado de Israel, hasta hoy, el sionismo actuó como lo que es: el garrote fascista del capital del imperialismo, primero del inglés y luego del yanqui, ganándose el justo odio de las masas de Medio Oriente y de amplios sectores proletarios en los países imperialistas y en las semicolonias.
No obstante para ayudar a separar a las masas de Medio Oriente de los proletariados de los países no árabes, y para ocultar que Israel es un enclave colonial creado por el imperialismo en la post guerra para que actúe como gendarme en la región, además del rol de las direcciones traidoras como la socialdemocracia, la burocracia stalinista –la que junto al imperialismo yanqui acordó en Yalta la creación de aquel enclave-, el sionismo necesitaba y necesita envenenar la conciencia de los obreros árabes y del mundo entero para que reconozcan a ese estado ficticio como una nación. Y este trabajo siempre se ha hecho mediante una política totalmente nefasta para el movimiento obrero internacional: la que dice que existe la “clase obrera israelí”. Así la tapadera histórica del sionismo, es el sionismo de “izquierda”, que en diversas épocas ha asumido diversas formas: a principios del siglo XX fue el “sionismo obrero”, luego la Histadrut y su demagogia “socialista” en los ’60 y ’70; hoy es el movimiento sionista “pacifista” dirigido por el stalinista PC israelí, pero también, cuando viene de descargarse una nueva masacre sobre las masas palestinas que tendió a sublevar a los proletarios árabes de toda la región, somos testigos de cómo se redobla ante los ojos del proletariado mundial la invención de que existe una “clase obrera israelí”. Así toda la izquierda reformista mundial se ha hecho eco de esa política, a través de su llamado a la unidad de los obreros palestinos con los “obreros israelíes” contra el sionismo.
Comenzaremos por hacer una nueva afirmación: para todo obrero judío con la más mínima conciencia de clase sería un acto de indignidad que se le llamara “clase obrera israelí”, porque significaría que acepta al estado israelí y que vive con prebendas gracias a él y de ocupar a la nación palestina. Y sería doblemente indigno para un obrero con conciencia revolucionaria estar en cualquier organización apéndice de un estado gendarme y de ocupación asentado sobre las ruinas y la masacre de la nación y la clase obrera palestinas.

El Poale Sion (“sionismo obrero”) una política para vestir de “socialismo” a la contrarrevolución

El Poale Sion (el “sionismo obrero”) es una fiel muestra de cómo el capital financiero, para difundir una política a favor de sus intereses, es capaz de vestir de “socialismo” a la contrarrevolución, al sionismo. Encontramos aquí también un importante hecho para desenmascarar el origen y el fin de la política que habla de la existencia de la “clase obrera israelí”.
Así a principios del siglo XX, al mismo tiempo que se funda el sionismo, éste crea conscientemente el llamado Poale Sion, del que fuera parte David Ben Gurión -el primer presidente del Histadrut y años más tarde primer ministro de Israel- política que tuvo ramas en toda Europa y en Norteamérica. Esa política se presentó como una alternativa para no menores sectores de la clase obrera, a fin de evitar su afluencia hacia los partidos socialistas, y a su vez, mediante sus capas altas, envenenarlos de chovinismo. Pero era incapaz de disfrazarse demasiado: pues compartía el programa histórico y vigente del sionismo trazado hace más de un siglo por Herzl. De manera tal que el programa del “sionismo obrero”, fundado por renegados del socialismo ruso como el infame Ber Bochorov, señala la tarea de asegurar el trabajo mejor remunerado y la mejor tierra para los obreros judíos, “civilizados” y con “conciencia de clase” (!!!) contra los “salvajes” palestinos “títeres de los jeques árabes”. Ben Zvi, un líder del “sionismo obrero”, farfulló en un congreso en 1912: «En ciertas circunstancias históricas, los intereses nacionales deben prevalecer sobre la solidaridad de la clase [ … ]. Los trabajadores judíos de Palestina organizados y con conciencia de clase tienen el derecho de exigir que la mano de obra árabe barata y no organizada sea excluída de los puestos de trabajo del Moshavot [el antecedente de los kibbutz] y de todo el sector judío. » Esta es la vil demagogia fascista que hoy encarna, ni más ni menos, el programa de la Histadrut, el cual se creó con un estatuto que plantea garantizar el boicot del trabajo para los palestinos.
Por eso afirmábamos antes que es indigno para todo obrero que profesa la religión judía, con las más mínima conciencia de clase sentirse parte de esa infame y fascista aristocracia obrera, que es uno de los brazos de represión y opresión de la nación palestina y de la absoluta mayoría de explotados de la región.

El stalinismo ante la Cuestión Palestina ha escrito una de las paginas más negras de su traición a la revolución mundial

Como parte de los pactos de Yalta y Postdam el stalinismo participó de manera directa de la creación del Estado gendarme de Israel. Así como EE.UU., Inglaterra y Francia surtieron de material bélico al sionismo para armar su ejército, la burocracia stalinista, a través de Checoslovaquia, hizo lo suyo enviándoles armas y aviones, ya que de esa manera el enclave podía responder a la guerra que Egipto, Jordania, Siria, Irak y otros países árabes le declararon en 1948-49, en la llamada Guerra “Árabe-Israelí”.
Continuando con su política contrarrevolucionaria, en los ’70, para encubrir el apoyo de la URSS al genocida estado de Israel ante los ojos del proletariado mundial, el stalinismo y el sionismo de “izquierda” impulsaron una corriente pacifista mundial que pretendía hacerle creer a los obreros que los kibutz eran “granjas colectivas socialistas”. En aquellos años la lucha de los revolucionarios pasaba por destruir esa falacia impulsada por la canalla stalinista, ya que esos “kibutz socialistas” del sionismo (que los stalinistas decían que estaban constituidos por judíos de origen árabe, mestizos, pobres, es decir, judíos sefaradíes) no eran más que fuer-za de choque de lúmpenes, de los sectores “más pobres” del movimiento judío traídos desde Marruecos, que se apropiaban de forma transitoria de la tierra que ocupaba el sionismo después de masacrar y expulsar de la misma a los campesinos palestinos. Por supuesto esas “granjas socialistas” eran sostenidas por los millones de dólares otorgados a los “pobres sefaradíes” para que garanticen, armas en la mano, la usurpación de la nación Palestina.
A partir de los ’90 cuando Al Fatah, encabezado por Arafat, reconoció al Estado de Israel, la reformulación de la política del stalinismo para encubrir a ese enclave comenzó a basarse en la existencia de la “clase obrera israelí”, política que también comenzó a ser impulsada por toda la izquierda reformista mundial.
Aquel es el objetivo del movimiento pacifista del stalinismo israelí, el Hadash (“Frente democrático por la paz y la igualdad”), que a decir verdad no es obrero sino pequeñoburgués: engañar al proletariado mundial con la falacia de la “clase obrera israelí”, como ayer lo hacía con la estafa de los “kibutz socialistas”. Hoy con la falacia de la “clase obrera israelí” reivindican que se respete “su estado”, esto es, el Estado sionista de Israel en el cual han conseguido 4 asientos parlamentarios, el Estado de la aristocracia y burocracia obrera sionista-fascista organizada en la Histadrut. Porque en definitiva ese movimiento pacifista del PC israelí lo único que discute es cuál es la mejor forma de seguir saqueando, oprimiendo y aplastando a la nación Palestina: si con el garrote fascista o teniendo, de vez en cuando, conmiseración con los “pobres palestinos”.
Es por eso que mientras caían las bombas fósforo sobre Gaza y se movilizaban en Tel Aviv, Jerusalén y Belén, decenas de miles de combatientes árabes de la nación Palestina, el movimiento “Paz Ahora” de la izquierda sionista que apoyó la ofensiva del ejército sionista, junto al PC israelí y de la mano de renegados del trotskismo como Michael Warschawski, salieron a plantear “paz” y que se cumplan las negociaciones y los pactos contrarrevolucionarios que preparaban Sarkozy, la burguesía egipcia y la dirección de Al Fatah, de rendición de las masas palestinas. No por casualidad el stalinismo es el principal impulsor de la unidad de la clase obrera palestina con la “clase obrera israelí”, puesto que ésta es una pérfida política de frente democrático, de colaboración y conciliación de clases para legitimar al enclave sionista, tanto en Israel proclamando su política de “paz” y la teoría de los “dos demonios”, basada en que la guerra y las masacres son el resultado de la ultraderecha israelí y la “intransigencia” de quienes disparan cohetes Qassam a las ciudades del enclave, como en Cisjordania sosteniendo, mediante un frente popular clásico (con la burguesía imperialista detrás), al gobierno de la burguesía colaboracionista de Al Fatah y su política de “dos estados” que reconoce al Estado fascista de Israel, y que de esa manera renuncia al programa histórico de la resistencia palestina contra la ocupación.
Justamente es el stalinismo, secundado por la izquierda reformista mundial, quien encubre, con su política de “dos estados”, que lo que hay en Palestina es una nación ocupada por un Estado gendarme que oprime a millones y millones de obreros y campesinos bajo la mira de los fusiles fascistas en las fábricas del enclave, en campos de concentración y bantustanes. Son los mismos traidores que en los ’80 en Sudáfrica, con Mandela a la cabeza, mediante una política gatopardista se encargaron de lavarle la cara el régimen del Apartheid, con el objetivo de consagrar las condiciones de ignominia y esclavitud que hasta el día de hoy, gracias a esa traición, soporta la clase obrera sudafricana.
No hay que olvidar, como ustedes correctamente han planteado y defendido, que el régimen del Apartheid sudafricano era el más grande aliado en el mundo semicolonial del Estado sionista porque imponía un régimen similar. Por ello tampoco no es ninguna casualidad que la burocracia sindical stalinista del COSATU, sostenedora del gobierno de frente popular del CNA, en plena ofensiva israelí no haya llevado adelante en el país ninguna acción ofensiva del proletariado, como la huelga general, etc., porque ellos defienden los negocios de los capitalistas como Mandela y del conjunto de la burguesía, porque mantienen las mismas relaciones internacionales y comerciales que mantenían los patrones blancos del apartheid con Israel, encubiertas por un presidente “obrero de color”.

Hoy para sostener la política del stalinismo se encuentran los renegados del trotskismo, devenidos en reformistasneo stalinistas, que de una manera u otra reconocen al estado de Israel, porque no llaman a destruirlo. De allí que como política diaria impulsan en el enclave junto al PC israelí el movimiento pacifista sionista, como hace el dirigente mandelista Warschawski de la ex LCR –hoy dirección del NPA–, aquella que mandó en 2002 a Krivine a Palestina a defender el plan yanqui de “dos estados”. Hoy Warschawski dice descaradamente que hay espacio para una “nueva izquierda judío-árabe” y “antisionista” en el enclave, que capitalice el descenso electoral de la “izquierda” sionista –el partido Meretz, adherente de la socialdemocracia, que proviene del viejo “sionismo obrero”, del Mapam de los carniceros Ben Gurion y Golda Meir– ; o sea, dice que hay espacio para una versión sionista de los nuevos partidos anticapitalistas que impulsa el mandelismo, para sostener por “izquierda” al enclave de ocupación.
Por eso es que Alan Woods de The Militant, que viene de darle un barniz “trotskista” al burgués Chávez, dice cínicamente que el problema no es el enclave, sino el capitalismo, o sea, que hay que luchar por un “Israel socialista”, y no la destrucción del enclave.
Hoy son estos reformistas de “izquierda” los llamados a impulsar, bajo diversas formas y falacias, esa nefasta política, ya que el stalinismo por su accionar se encuentra cada vez más desprestigiado ante las masas, como lo vemos en Grecia, Francia, Chile, etc.

La “Unidad de la ‘clase obrera israelí’con la palestina”: una política que reduce a cero las energías del proletariado y el campesinado que combaten por el fin a la ocupación y la liberación nacional

En esta sección, camaradas de la WIVL, queremos detenernos en explicar a dónde creemos que puede llevar su política de “Unidad de la ‘clase obrera israelí’ con la palestina”.
Ya al inicio de esta carta les manifestamos que para nuestra fracción en Palestina se da una situación muy similar a la de la Sudáfrica del apartheid, donde el proletariado estaba constituido por una mayoría de obreros de color superexplotados y por una minoritaria, arrogante y opresora aristocracia obrera blanca.
Ante ese panorama del proletariado en Sudáfrica, Trotsky planteaba así las tareas de los revolucionarios: “De todos modos, el peor de los crímenes de parte de los revolucionarios sería hacer la menor concesión a los privilegios y prejuicios de los blancos. Quien le da aunque sea el dedo meñique al demonio del chovinismo está perdido. El partido revolucionario tiene que plantearle a todo obrero blanco la siguiente alternativa: o con el imperialismo británico y la burguesía blanca de Sudáfrica, o con los trabajadores y campesinos negros contra los señores feudales y esclavistas blancos y sus agentes en las filas de la clase obrera” (“Sobre las Tesis sudafricanas”, 1935, negritas nuestras).
Es decir, para Trotsky, cederle el dedo meñique a la arrogante y cínica aristocracia obrera blanca, significaba romper con el movimiento revolucionario, porque significaba supeditar los intereses del conjunto de la clase obrera a una minoritaria aristocracia obrera que se alimenta de los privilegios que les otorga el gran capital, que no son más que unas cuantas migajas de las súper ganancias que obtienen gracias a la esclavitud de la mayoría superexplotada del proletariado.
Camaradas, la anterior concepción está en total coincidencia con la política de la III Internacional de Lenin y Trotsky que sostenía: “Tomando con mayor energía la defensa de esta categoría de obre ros (se refiere a los sectores más explotados del proletariado, N de R ), descendiendo dentro de las profundidades de la clase obrera, los partidos comunistas no representan los intereses de una capa obrera contra otra, sino que representan el interés común de la clase obrera, traicionados por los jefes contrarrevolucionarios en provecho de los intereses momentáneos de la aristocracia obrera: cuanto mayor sea la capa de desocupados y de semi-ocupados, y en mayor medida su interés se transforme en el interés común de la clase obrera, más deberán subordinarse los intereses pasajeros de la aristocracia obrera a estos intereses comunes… El Partido Comunista como representante del interés general de la clase obrera no debería limitarse a reconocer y hacer valer por la propaganda ese interés común. No puede representarse eficazmente ese interés general sino es conduciendo, en ciertas circunstancias, el grueso de la clase obrera más oprimida y empobrecida, al combate contra la resistencia de la aristocracia obrera” (Tesis sobre la Táctica, III Congreso de la IC, negritas insertadas)
Sucede que como bien lo plantean estas tesis leninistas-trotskistas, la unidad de la clase obrera jamás va a lograrse sobre la base de los intereses de la aristocracia y burocracia obreras. Después de todo lo que ha hecho ese Estado gendarme -al cual la aristocracia obrera israelí ha atado su suerte descargando decenas de guerras contrarrevolucionarias contra las masas palestinas y de Medio Oriente, es categórico que los intereses de la clase obrera palestina, que se concentran en el triunfo de la guerra nacional mediante la destrucción del Estado sionista, son los intereses de la clase obrera de la región y del mundo, los únicos que pueden unir al proletariado. Es por eso que en nombre de la “unidad de la clase obrera”, no se puede supeditar los intereses de la clase obrera palestina (que, por ejemplo, es el 90% de la clase obrera en el Estado de Israel), a esa aristocracia obrera sionista, organizada en sindicatos fascistas y armada hasta los dientes para garantizar la existencia del Estado de Israel mediante la opresión del pueblo palestino y las masas explotadas de Medio Oriente.
No se puede hablar de una solidaridad de clase entre los obreros palestinos y la minoritaria aristocracia obrera sionista- fascista, puesto que, por un lado, a la arrogante aristocracia obrera sionista le va la vida en que se perpetúe el Estado fascista de Israel, es decir, que continúe incesantemente la opresión que dicho enclave ejerce sobre las masas palestinas y de Medio Oriente, pues de ello depende que se mantengan todos sus enormes privilegios, sus altos salarios, sus vacaciones pagadas para ir a sus verdaderas patrias (a Norteamérica, a Europa, etc.) sus derechos de “ciudadanos” de primera clase, por lo cual desde un inicio han sido una capa decidida a sostener y combatir militarmente por el enclave. Mientras que, por otro lado, todo obrero palestino sabe, porque lo aprendió con su carne y su sangre, la de sus padres y abuelos, que para conseguir hasta la más mínima demanda, parasobrevivir, conseguir un trabajo y salario dignos, conquistar la tierra en el caso del campesino ultra arruinado, para hacer realidad su derecho democrático de poner en pie un Estado palestino, etc., la condición es la destrucción del maldito enclave sionistafascista, el estado de Israel.
Camaradas, la posición de Trotsky sobre la cuestión sudafricana que trajimos a colación más arriba, es la misma posición que nosotros planteamos para la aristocracia obrera judía que vive en el estado sionista de Israel: lo único que puede hacer un obrero de credo judío que quiera apoyar la causa del pueblo palestino es pasarse con sus armas al lado de la resistencia palestina y combatir por destruir al estado sionista de ocupación y por el triunfo de Palestina en la guerra nacional.
En síntesis camaradas, no ha habido, no hay y no podrá haber unidad entre la clase obrera palestina y la aristocracia obrera sionista, ya que sus intereses están opuestos por el vértice, hay un ángulo de 180° entre los mismos. El mismo ángulo de 180° que hay entre los intereses de la absoluta mayoría de la clase obrera británica, europea y de las colonias y semicolonias, con la huelga y los intereses de la ultra-reaccionaria aristocracia obrera rompehuelgas que empujada por las capas altas de las Trade Union inglesas organizó luchas contra los trabajadores italianos, africanos y demás trabajadores inmigrantes en Inglaterra.
Insistimos camaradas, la única manera de que se dé la unidad entre la clase obrera palestina y los luchadores de credo judío que digan estar por la causa palestina, es que éstos últimos rompan verdaderamente con el sionismo-fascismo, pasándose, con las mismas armas que les suministra el Estado enclave, a la trinchera de los obreros y explotados palestinos, no como parte de una minoría de aristócratas obreros, sino que como parte de la gran mayoría de súperexplotados que combate por la destrucción del Estado sionista-fascista de Israel. Ese es el motivo por el cual el llamado que desde la resistencia palestina se debe hacer, es emplazar a todo aquel obrero de credo judío que diga abrazar la causa palestina, a organizarse en los sindicatos palestinos, pues todo lo demás, la Histadrut, el Hadash del stalinismo israelí, etc., significa estar en la trinchera del enemigo de clase. Y deberán ser considerados como tal.
En la clase obrera israelí nadie es inocente o está confundido. Están bajo la disciplina del estado sionista porque les paga sus privilegios. Es más, en las ciudades como Jerusalén, Haifa, Belén, donde crece cada vez más la población árabe y palestina, para descomprimir, la Histadrut aceptó la existencia de “sindicatos árabes” sin ningún derecho de nada, ni personería gremial, los cuales exigen a los obreros árabes y palestinos reconocer al estado de Israel para ingresar a sus filas. Un 10% de la fuerza laboral de esas ciudades se organizó en esos “sindicatos árabes” -de los cuales hizo tanta propaganda el sionismo- para poder conseguir empleo. Esos semi-sindicatos, que son verdaderas agencias de empleo del sionismo, no lograron reclutar mas que un 10% de los trabajadores árabes y palestinos, y en los campamentos y en los barrios palestinos y árabes en las ciudades ocupadas como Haifa o Jerusalén, los afiliados a esas miserables agencias de colocación de empleo que tuvieron que aceptar la existencia del estado de Israel son considerados como colaboracionistas e inclusive expulsados de los mismos.
Es que existe una diferencia cualitativa respecto a la relación entre aristocracia obrera y proletariado que hay en cualquier país: porque incluso ante ciertas tareas y bajo circunstancias específicas, está planteado el frente único o políticas de exigencia para con ella. Pero ¿qué frente único puede haber, qué solidaridad de clase puede haber, cuando no hay ninguna tarea común, ni el más mínimo interés en común? ¿Qué otra exigencia se le puede hacer a todo obrero judío con conciencia de clase que no sea entrar a los sindicatos palestinos rompiendo con la Histadrut y la aristocracia obrera carnera y rompehuelgas y sus pistoleros armados para aplastar a la nación palestina, y pasarse con sus armas a la resistencia palestina? Es que la única forma de convivir en paz y con intereses comunes entre los obreros de religión judía y los obreros palestinos no es otra que con la destrucción del Estado de Israel y con una Palestina libre, laica y democrática que lo permita. Indudablemente, esto significa reagrupar las fuerzas para conseguirlo con el triunfo de la revolución socialista, única capaz de resolver íntegra y efectivamente la cuestión nacional palestina. Para esta tarea histórica, la aristocracia y la burocracia obrera sionista ya eligieron su lugar junto al gendarme sionista del cual reciben todos sus privilegios.
Evidentemente la política de “dos estados” que tanto proclama el stalinismo, es la política de la arrogante aristocracia obrera sionista porque apunta a dejar intacto al enclave sionista del cual depende. Pero a su vez también es la política de la cobarde burguesía palestina de Al Fatah que hace tiempo abandonó la lucha por la destrucción de Israel, y también de Hamas que, una vez que las mismas masas de Gaza que en 2007 se sublevaron contra la burguesía colaboracionista fueran víctimas de un nuevo genocidio, acepta un pacto que significa renegar de esa demanda histórica del pueblo palestino. Es por ello que apelar a la unidad entre la clase obrera palestina y la supuesta “clase obrera israelí”, lleva, ni más ni menos, a subordinar a la clase obrera palestina a la burguesía (de la cual la aristocracia obrera es una correa de transmisión al interior del movimiento obrero) y sus intereses. Es que en esa unidad no se da la primera regla de la aritmética: la suma, sino que por el contrario se da la ley del paralelogramo de fuerzas, en la cual cuando los “aliados” son antagónicos, cuando estos tiran en direcciones opuestas, el resultado es cero, la reducción a cero de las enormes energías que posee la histórica lucha de la clase obrera palestina, capaz de sublevar a todo el Me-dio Oriente obrero y campesino, al proletariado de las metrópolis imperialistas europeas, en fin, capaz de movilizar en su apoyo a importantes franjas del proletariado mundial, como lo vimos en plena ofensiva de Israel contra Gaza.

¡Por una campaña internacionalista para romper el cerco y el pacto de rendición contra las masas palestinas!
Camaradas de la WIVL, esperamos que todas las cuestiones que aquí les hemos manifestado sirvan para avanzar en conquistar un acuerdo sobre bases principistas en relación a la política a tener hacia la aristocracia obrera israelí y su sindicato sionista-fascista, la Histadrut, o bien para esclarecer nuestra posición y de ese modo discutir con precisión los puntos en los que mantenemos divergencias en relación a la Cuestión Palestina.
Esto es extremadamente importante, ya que pensamos que es urgente que los internacionalistas golpeemos como un solo puño enfrentando el cerco y los pactos contrarrevolucionarios de rendición de la clase obrera y los explotados palestinos. Sin ir más lejos ha sido el fortalecimiento del cerco contrarrevolucionario levantado contra la Gaza martirizada, el que ha permitido que a fines de febrero los carniceros imperialistas de EE.UU. y Francia, las burguesías lacayas de la región como Mubarak de Egipto, junto a los colaboracionistas de Al Fatah (sostenidos por los stalinistas del FPLP y PDLP), más Hamas, pactaran la formación de un nuevo gobierno de unidad nacional. Este pacto es una verdadera pistola en la sien contra las masas palestinas de Gaza para imponerles lo que no pudieron con la masacre del ejército sionista-fascista de Israel que hace dos meses atrás dejara más de mil quinientos nuevos mártires, decenas de miles de heridos y redujera a escombros y cenizas ese campo de concentración a cielo abierto: su rendición incondicional para que reconozcan al enclave sionista y acepten el plan de “dos estados”. Se trata de un brutal chantaje contra las masas palestinas, que de no aceptar rendirse y desarmarse, lo que le tienen preparado las burguesías árabes y el imperialismo es profundizar aún más el cerco para que el ejército sionista-fascista termine de aplastar a sangre y fuego la resistencia palestina.
Camaradas, el rápido desarrollo de los acontecimientos demanda de los trotskistas nuevas obligaciones internacionalistas para con las heroicas masas palestinas, que no logran entrar unidas al combate porque gracias a las direcciones traidoras como el stalinismo y su política de colaboración de clases, no logran romper la subordinación a las burguesías palestina y de Medio Oriente. La guerra de liberación nacional de las masas palestinas no podrá triunfar haciendo realidad la destrucción del Estado sionista de Israel imponiendo un gobierno obrero y campesino que garantice la conquista de una Palestina libre, democrática y no racista, si las masas en Gaza no conquistan el armamento generalizado e irrumpen esta vez contra Hamas; sin una insurrección de masas que en Cisjordania derrote a Al Fatah, tome sus comisarías y se arme como en la revolución del 2000; si los millones de obreros árabe-palestinos de las ciudades ocupadas por el sionismo no se arman, ocupan las fábricas, levantan barricadas y desatan una revuelta generalizada; si los palestinos que viven en Jordania y en el sur del Líbano no se sublevan contra la monarquía reaccionaria y el gobierno de Unidad Nacional de Siniora-Hezbollah. Por eso la tarea más importante es poner en pie una Asamblea Nacional Palestina de obreros y campesinos armados de Gaza, Cisjordania, de los árabes-palestinos de Tel Aviv, Jerusalén, Haifa y demás ciudades palestinas ocupadas por el sionismo, junto a las masas palestinas de Jordania y el sur del Líbano, para desde ella organizar una insurrección armada del conjunto de la clase obrera y las masas palestinas que es la única que puede llevar al triunfo la guerra de liberación nacional, que expresa de manera laberíntica la lucha por la revolución socialista en la Palestina ocupada por el enclave sionista, como punto de partida de la revolución en todo Medio Oriente, para disparar contra el imperialismo y el ocupante sionista el misil más fuerte con el que cuentan la clase obrera palestina y de toda la región: la expropiación de todas las transnacionales imperialistas petroleras y los bancos de la región, combate que sin dudarlo se enlazará con la revolución en las potencias imperialistas, en EE.UU. y en Europa, que es donde tendrá su resolución definitiva.
Esa es la lección que dejó la derrota que sufrieran las tropas sionistas en el sur del Líbano en 2006, cuando el quinto ejército del mundo huyó como rata porque lo que recibió fue una guerra civil de clases, donde cada obrero, campesino, estudiante y explotado palestino y libanés de los campamentos, pasando por encima de Hezbollah, combatía con su fusil o lanza misiles al ejército invasor. Hoy lo que necesitan las masas palestinas para triunfar es volver por ese camino, pero generalizándolo a toda la Palestina ocupada y a todo Medio Oriente.
Creemos que sin ninguna demora debemos desatar una batalla internacionalista combatiendo al cerco internacional contra las masas palestinas, ese cerco de la aristocracia y burocracia obrera y de todas las direcciones traidoras del proletariado mundial, que, tal cual lo hicieran en medio de la ofensiva genocida del sionismo, son los encargados de impedir que el proletariado de las metrópolis imperialistas se subleve contra la “Operación Plomo Fundido” (que son los despidos masivos, la carestía de la vida, la redoblada represión, etc.,) y así acuda en ayuda de sus hermanos de clase de Palestina; de impedir que el proletariado de Medio Oriente rompa con la burguesía cobarde y se unifique en una sola guerra de liberación nacional por la destrucción del Estado de Israel, es decir, en una insurrección armada de masas; de evitar que el combate de la clase obrera de Guadalupe y Martinica se generalice a toda América Latina irrumpiendo contra la estafa de la “revolución bolivariana”, contra los pactos contrarrevolucionarios que, como en Colombia y Bolivia, someten a la clase obrera a una superior explotación, contra la restauración capitalista de la burocracia castrista cubana, y contra todos los regímenes y gobiernos lacayos del imperialismo; de impedir que el poderoso proletariado negro de Sudáfrica irrumpa nuevamente contra el régimen del Apartheid , ese régimen anti obrero aliado y modelo del sionismo que hoy es administrado por los canallas del stalinismo.
Nuestros grupos en Latinoamérica, donde se encuentran las comunidades palestinas más grandes del mundo, están a la ofensiva con esa campaña internacionalistas. Lo mismo nuestros compañeros de Nueva Zelanda impulsándola en toda Oceanía, Europa y EE.UU.
Sin lugar a dudas sería un triunfo de esta campaña internacionalista por nuestros hermanos de clase de Palestina, que la WIVL la desarrolle como batallón internacionalista en el continente negro, esa es nuestra propuesta.

Camaradas, ustedes ya tienen en su poder gran parte de los materiales que nuestra fracción ha editado sobre la Cuestión Palestina. Además les hemos enviado un estudio de la “izquierda” sionista sobre el surgimiento del enclave de Israel, del cual hemos extraído varios de los argumentos fácticos que aquí hemos expuesto para respaldar nuestras posiciones. Entonces esperamos que la presente carta sea una contribución a la discusión que hemos establecido y que esperamos desarrollar y profundizar.

Esperamos ansiosos su respuesta, inquietudes y más.

Saludos revolucionarios,
Secretariado DE LA FRACCIÓN LENINISTA TROTSKISTA (FLT)

Año IV • Nº 12 • Parte I Marzo de 2009