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El Organizador Obrero Internacional

Irán - 30 de septiembre de 2026

Desde el corazón de la resistencia de la clase obrera iraní…

Boletín de Lucha “Trabajador de Vanguardia” de los marxistas revolucionarios de Irán

Reproducimos la edición N° 107 del Boletín de Lucha Kargar-e Pishtaz (“Trabajador de Vanguardia”) editado por los compañeros de la Célula de Trabajadores Socialistas de Vanguardia de Juzestán.
Este boletín es trabajado por los marxistas revolucionarios de Irán en lo profundo de la resistencia de la martirizada clase obrera iraní, que es bombardeada por los yanquis y brutalmente reprimida y perseguida por los Ayatollahs, que buscan seguir siendo ellos los carceleros y esclavistas del proletariado iraní para mantener sus negocios.

¡Solo la clase obrera de Irán y todo Medio Oriente, con el apoyo del proletariado internacional, podrá derrotar al imperialismo!

¡La clase obrera iraní debe tomar en sus manos la dirección de la guerra nacional! ¡Ninguna negociación secreta!

¡Pan, trabajo, libertad e independencia nacional!
¡Por consejos de obreros y soldados rasos! ¡Armamento generalizado de los trabajadores y el pueblo pobre!
¡Por la derrota de los yanquis en Irán y todo Medio Oriente!

 

¿Es posible el derrocamiento de un gobierno por sí solo?

Saludos a todos los compañeros trabajadores y a quienes trabajan duro en todo Irán.
La guerra desatada contra nuestra nación en los últimos ocho meses —y que continúa, con nosotros, los trabajadores, pagando el precio— no nos ha traído más que pobreza, miseria y un aumento del desempleo. Contrariamente a todas las promesas vacías sobre el derrocamiento del régimen y a las esperanzas de muchos —incluidos algunos de nuestros compañeros trabajadores que creían que los bombardeos podrían librar a la nación de este gobierno—, la guerra no logró derrocar al régimen. En cambio, permitió a las autoridades agrupar nuevamente a sus partidarios bajo su bandera, gritar en las calles y plazas públicas por la noche coreando «Haydar, Haydar» (evocando a Ali, de quien se consideran seguidores, N. del T.) e intimidar a la población respecto a las consecuencias de cualquier forma de protesta. Sin embargo, las presiones económicas y sociales se han vuelto tan extremas que, a pesar de los riesgos, estamos presenciando diversas protestas dispersas de distintos grupos sociales, incluidos trabajadores, jubilados, mujeres y estudiantes.
Hoy, todos los indicios señalan que, tarde o temprano, se producirá otro estallido en el seno de la sociedad, tal como ha ocurrido en el pasado. Pero ¿por qué ninguno de estos levantamientos logra el resultado prometido? ¿Y por qué, una y otra vez, depositamos nuestras esperanzas en un «santuario sagrado» tras otro, esperando que llegue un salvador y remedie nuestra intolerable situación? La historia de nuestro país contiene muchos ejemplos en los que la sociedad fue víctima de sus propias esperanzas; impulsada por un intenso odio hacia el pasado, confió el futuro a una fuerza desconocida y pagó el precio por ello. Desde la Revolución Constitucional y los sucesos de 1953 hasta el ejemplo más reciente —el levantamiento de 1979—, el odio público hacia el régimen del Sha entregó las riendas del poder a una fuerza cuyo único objetivo era perpetuar el sistema existente, aunque con una brutalidad diez veces mayor.
A nuestro juicio, tras cinco décadas de experiencia, ha llegado el momento de preguntarse: ¿Cómo podemos romper este ciclo recurrente de «levantamiento y derrota»? ¿Cómo podemos crear condiciones favorables para una democracia genuina —arraigada en los estratos más pobres y trabajadores de la sociedad— y establecer un sistema de gobierno basado en consejos obreros y populares que represente verdaderamente a la mayoría?
Sin duda, una revolución de tal magnitud implica mucho más que una simple transferencia de poder entre las élites mediante acuerdos de pasillo; su éxito exige condiciones y circunstancias específicas.
Los precedentes históricos, tanto en Irán como en el resto del mundo, demuestran que el requisito fundamental para el éxito de una revolución así es una crisis política grave en la cúpula del poder establecido. Esto implica un escenario en el que los diversos elementos y pilares del Estado divergen, cada uno siguiendo su propio camino y priorizando la preservación de su propio poder, posición económica y estatus social —así como los de sus facciones afines—. Dicha fragmentación debe agudizarse hasta el punto en que todo el aparato gubernamental se paralice efectivamente, quedando incapacitado para funcionar como lo hacía anteriormente.
Aunque estamos presenciando los primeros indicios de tales fisuras en la actual élite gobernante, las diversas facciones enfrentadas dentro del régimen aún son capaces de actuar en colaboración y mantener el control sobre el status quo. Un ejemplo claro es la actuación del gobierno durante la guerra y su enfoque unificado para confrontar y reprimir a la oposición. Por tanto, es necesario seguir los acontecimientos con realismo para poder emplear las tácticas adecuadas en el momento oportuno.
En los últimos tres o cuatro meses, hemos visto cómo la falta de realismo —sumada al fomento de falsas esperanzas y a los llamamientos de Reza Pahlavi para que la gente saliera a las calles— condujo a la muerte de miles de personas inocentes, con repercusiones que persisten hasta hoy en forma de ejecuciones diarias. Sin embargo, esto no significa que el actual estancamiento de "ni guerra ni paz" entre la élite gobernante vaya a durar para siempre. La escalada de crisis externas, las crecientes presiones económicas y la agitación social interna empujarán tarde o temprano al régimen hacia una inestabilidad interna; lo crucial es estar plenamente preparados para tal crisis gubernamental, y debemos sentar las bases para ello hoy mismo. El segundo factor que garantiza el éxito de la revolución y la toma del poder por parte de la clase trabajadora es la intensificación de la pobreza y el descontento entre las masas; un factor que debe coincidir con el primero. No hace falta recurrir a estadísticas ni análisis para demostrar la presencia aguda de este factor en nuestra sociedad, pues cada uno de nosotros experimenta esta presión de primera mano, en carne propia, día tras día.
El tercer factor es el aumento significativo de la actividad política en los diversos estratos de la sociedad.

En los últimos años, hemos sido testigos de numerosos ejemplos de tales actividades: luchas laborales en Haft Tappeh y Ahvaz Steel; protestas de trabajadores contratados y de otras unidades de producción en todo Irán; y manifestaciones de enfermeros, maestros, jubilados, desempleados, mujeres, estudiantes e incluso reclusos; todo lo cual demuestra que la sociedad se encuentra en un estado de ebullición constante. Si bien estas protestas representan una fortaleza en las luchas de los trabajadores y sectores laboriosos de Irán, su debilidad radica en su fragmentación, su falta de coordinación a nivel nacional y su confinamiento a reivindicaciones sectoriales o gremiales.
Es cierto que los trabajadores y otros estratos asalariados y laboriosos de la sociedad llevan a cabo protestas y huelgas para lograr sus reivindicaciones específicas; sin embargo, mantenerse dentro de este ámbito limitado —sin vincular la plena consecución de dichas demandas a cambios fundamentales en el sistema político— conduce a uno de dos desenlaces: o bien los gobiernos capitalistas (como se ha visto en Occidente) obligan a los trabajadores a retroceder concediendo solo una parte de sus exigencias, o bien —en dictaduras como la de Irán— las autoridades emplean una política de "zanahoria y garrote" (donde la "zanahoria" apenas resulta dulce) para impedir el avance y la organización de los movimientos de protesta.
Por último, existe el factor definitivo y más crucial: la necesidad de formar un partido revolucionario y un órgano de dirección capaz de organizar estas protestas y forjar la unidad entre las diversas facciones movilizadas, allanando así el camino para un levantamiento nacional con un propósito claro. La experiencia de los levantamientos de nuestro pueblo en las últimas décadas, así como la de diversos movimientos de protesta en todo Oriente Medio, ha demostrado que la ausencia de liderazgo puede conducir fácilmente a la represión de las protestas o simplemente a un cambio de poder de una facción reaccionaria a otra.
Sin embargo, por "partido revolucionario" no entendemos un partido formado al margen de nuestras luchas por un grupo de élites —incluso aquellas bienintencionadas hacia nuestros intereses— que operan fuera de la esfera del trabajo y la vida cotidiana de los trabajadores. El partido que buscamos asienta sus bases entre trabajadores con conciencia de clase, de los cuales hay muchos en nuestras filas. Se trata de trabajadores conscientes que se organizan primero en células clandestinas y, posteriormente, en comités secretos dentro de los lugares de trabajo y los centros de producción. La tarea de tal partido es prepararse para la revolución y facilitar su victoria en el momento oportuno.
Ese momento llega cuando la brecha en el seno del poder establecido se ensancha hasta el punto de que ya no puede gobernar como antes, y cuando las presiones económicas, sociales y políticas dentro de la sociedad alcanzan un nivel en el que el pueblo rechaza la antigua forma de gobierno; en su lugar, se organiza en consejos espontáneos —en fábricas, barrios, escuelas primarias y secundarias, y centros de trabajo— y toma en sus propias manos la administración de la sociedad.
Esto es precisamente lo que ocurrió en 1979; sin embargo, lamentablemente, debido a la ausencia de dirección por parte de un partido obrero revolucionario, los frutos de aquel movimiento fueron cosechados por usurpadores ilegítimos. No permitamos que se repita este error.

¡Victoria para todos ustedes!

¡Adelante con la construcción de células clandestinas de trabajadores socialistas de vanguardia!
¡Adelante con la unidad de los trabajadores de vanguardia en torno a un programa de acción obrera!
¡Adelante con la ocupación de fábricas y la implementación del control obrero!
¡Los registros financieros de la patronal deben abrirse al escrutinio!

Célula de Trabajadores Socialistas de Vanguardia (Juzestán)


 

 


Boletín "Trabajador de Vanguardia" en Juseztan

 


Irán bombardeado

 


Trabajadores azucareros de Haft Tappeh

 


Trabajadores iraníes en lucha