Brasil - 27 de octubre de 2026
Elecciones en Brasil: crónica de un gran engaño
Lula se prepara para gobernar con su vicepresidente de la burguesía paulista y el Congreso bolsonarista
Por una estrategia independiente de la clase obrera y sus aliados desposeídos del campo y la ciudad
√ Para derrotar al fascismo
√ Para romper con el imperialismo
√ Para terminar con la flexibilización laboral y el salario de hambre
¡Hay que romper con la burguesía!
¡El combate es clase contra clase!
¡Para combatir al fascismo hay que luchar contra el imperialismo!
El fascismo es una excrecencia del podrido sistema capitalista en bancarrota. No es un grupo de “hombres malos” a los que con votitos, alegrías y jolgorios se los derrota.
Seguir esta política del stalinismo que hoy siguen todos los izquierdistas campistas, ya costó mucha sangre a la clase obrera mundial.
Aquí y allá la burguesía puede utilizar al fascismo como último recurso para mantener su propiedad, pero antes de ello, tiene un anteúltimo recurso para desviar las luchas obreras y profundizar el ataque del imperialismo, en este caso, contra una nación oprimida como Brasil. Estos son los frentes de colaboración de clases.
Lo mismo se está imponiendo en EEUU para salvar al carnicero Trump del odio de las masas norteamericanas, pero sobre todo, para salvar al régimen imperialista de los bandidos de Wall Street.
En EEUU se intenta desviar toda la lucha contra el criminal de guerra de la Casa Blanca y el régimen de Demócratas y Republicanos, genocidas de las masas palestinas, al llamado “frente anti Trump”. Las masas de EEUU combaten junto a los migrantes contra los fascistas del ICE y se movilizan por millones en las calles por la Gaza martirizada.
Los llamados “socialistas democráticos” apoyaron a Biden… Hoy ellos, junto a la izquierda campista, que siempre busca el “mal menor”, dicen que hay que votar al Partido Demócrata contra Trump, pero fue Biden quien inició el genocidio en Palestina, quien hambreó a los trabajadores norteamericanos, quien les arrebató las viviendas. Estamos ante una verdadera trampa.
Ahí está Mamdani, el alcalde “socialista” de Nueva York, que dejó entrar a la ciudad a Netanyahu, que inclusive tiene orden de captura por criminal de guerra, mientras con su policía reprimía la manifestación que buscaba impedir el ingreso de ese fascista.
“Todos con el Partido Demócrata”, dicen ahora... “Todos contra Trump”... Es decir, todos con Biden, el genocida de Gaza.
En Brasil Lula acaba de declarar, contra lo que sienten millones de obreros, jóvenes y campesinos pobres, que va a gobernar... con el Parlamento de Bolsonaro donde el PT es ínfima minoría... Vaya “demócrata” que piensa mantener intacta, como hizo durante su anterior gobierno, la flexibilización laboral más antiobrera de la historia de América Latina.
Es criminal para el proletariado hacer lo que le imponen sus direcciones: rebajar sus demandas y sus necesidades en aras de “apoyar la democracia” contra el fascismo.
Por ejemplo, en el Banco Central de Brasil “independiente” hay 300 mil millones de dólares como garantía de pago de la fraudulenta deuda externa, manejados por un hombre ligado a Wall Street.
El vice de Lula, Alckmin, es el hombre representante de las grandes empresas transnacionales de San Pablo... Vaya “demócrata”...
Ante toda oleada de luchas y de huelgas, donde la clase obrera brasileña entre al combate para recuperar su salario que es de miserables 300 dólares (de los más bajos de América Latina, solamente por encima de El Salvador y Nicaragua), serán acusados de “hacerles el juego a Bolsonaro”.
Ni hablar de los 60 millones de hambrientos en estado de desocupación o trabajando en negro, que jamás podrán llegar a las 40 horas semanales.
A los obreros hay que decirles la verdad por más amarga que sea...
Para el obrero, defender la democracia es conquistar el pan.
Para la burguesía y la izquierda fantoche que la sostiene, es defender al capital.
Se trata de acompañar esta experiencia de la clase obrera con sus verdugos “democráticos” pero diciendo la verdad y preparando los futuros combates...
Cómo decía Lenin contra los mencheviques, hacen falta 10 hombres inteligentes, no 10 mil imbéciles.
No se trata tan solo de esta última elección, donde Bolsonaro huyó de Brasil para ser protegido junto a los gusanos de Miami, por los yanquis, que tienen el control absoluto del Parlamento de Brasil a través de sus partidos.
Se trata del pacto de gobernabilidad del gobierno de Lula con el Parlamento de los “fascistas”.
Esto no lo decimos los trotskistas. Lo dice Lula. Discutan con él.
La burguesía levanta su programa. Se trata de que el proletariado reagrupe sus fuerzas y rompa con la política de colaboración con la burguesía que le imponen sus direcciones y el PT en primer lugar.
No se trata del “mal menor”... Se trata de llevar a las masas a tomar el cielo por asalto, como intenta hacer la clase obrera europea hoy. La demanda más mínima solo se puede conseguir como subproducto de grandes luchas revolucionarias. Siempre ha sido y es así para los explotados.
Todo lo demás es chamuyo que se lo llevará el viento.
El combate es por derrotar la infame reforma laboral que flexibiliza a la clase obrera de Brasil peor que a los obreros chinos, tomarse el Banco Central y romper con el FMI, anular todas las deudas de los trabajadores que son el 70% de las familias obreras para que las asuman la banca usurera y los capitalistas, nacionalizándola sin pago y bajo control de los trabajadores.
¡Todos a trabajar bajo convenio! ¡Escala móvil de horas de trabajo! ¡Salario mínimo vital y móvil de acuerdo al costo de vida!
Estas son las demandas mínimas que debe levantar la clase obrera en lo inmediato...
Un Congreso nacional de delegados de base de todo el movimiento obrero, campesinos pobres y el movimiento sin tierra, está planteado a la orden del día como primera tarea.
Solo ese Congreso Obrero podrá unificar a la amplia mayoría de Brasil y dejar suspendido en el aire al puñado de capitalistas, oligarcas y transnacionales que controlan, opriman y superexplotan al Brasil de los de abajo.
Todo lo demás es un verso de la izquierda reformista que quiere juntar el agua con el fuego, como denunciaba el gran revolucionario alemán Karl Liebknecht.
Apoyar a Lula es rendirse de antemano para aplastar al fascismo, que no solo es una excrecencia del sistema capitalista en putrefacción, sino una banda de hombres armados a los que solamente se los aplasta con la milicia obrera y campesina.
¿Puede haber algún sirviente de Kicillof, que en la Provincia de Buenos Aires aplica el plan de Milei, que diga que al fascismo se lo derrota con papelitos en una urna?
Los hay y muchos izquierdistas que lo siguen y que a no dudarlo, lo votarán en el ballotage argentino. Para ello se preparan...
Las FFAA brasileñas hacen maniobras militares comunes en el Atlántico con la Armada norteamericana, los asesinos de las masas palestinas. ¿Por qué lo ocultan?
Dirigen a las tropas de la ONU que ocupaban Haití. ¿De qué “democracia” hablan?
No decirles la verdad a las masas es no prepararlas para choques violentos que están por delante puesto que el fascismo no es Bolsonaro solo, sino la misma policía que masacró a 120 obreros y explotados en las favelas de Río de Janeiro, y clases medias reaccionarias y desesperadas que serán armadas por el estado cuando los yanquis lo crean conveniente.
¡Al fascismo se lo combate!
¡La guerra es de clase contra clase!
La milicia obrera, campesina, de los sindicatos y organizaciones obreras, está a la orden del día.
Es que al fascismo lo dirige Trump.
Para combatir al fascismo hay que combatir al imperialismo.
El gobierno de Lula con su vice patronal paulista, Alckmin, más allá de alguna denuncia contra EEUU, no tomarán ninguna medida seria contra los yanquis. Sus llamados son solo “cantos de sirena” para engañas a las masas y desorganizar toda ofensiva seria de estas contra sus verdugos.
Cómo dijo Trump, “Lula es un buen hombre”...
No es el que quería, pero sí es el que los capitalistas necesitan en este momento para desviar a las masas que se pusieron de pie.
Acompañamos las justas aspiraciones de las masas de vivir mejor y derrotar a la derecha, pero desenmascaramos a cada paso el veneno de la izquierda reformista que oculta que la verdadera batalla contra el fascismo está por delante... y Lula viene a desorganizarla y es al que hay que derrotar hoy, logrando que las masas hagan rápidamente su experiencia con su gobierno.
En 2013, millares de trabajadores y jóvenes se sublevaban durante el gobierno de Dilma del PT, al grito de “¡Ellos no nos representan!”. ¡Ese es el camino!
¡Lula y su pacto con el parlamentarismo bolsonarista de hoy tampoco nos representa!
}Para derrotar al fascismo se pelea con el método y el programa de la revolución socialista... Todo lo demás es un engaño.
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